El Barrio Intercultural

«Si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir la tiranía»

— Mariano Moreno

Organización: Vecinos sin Techo y por una Vivienda Digna
Sitio Web: http://vecinossintecho.blogspot.com.ar
Ubicación de la experiencia: San Martín de los Andes, Neuquén, Argentina

Resumen: Vecinos Sin Techo reúne a vecinas y vecinos comunes organizados en torno a la necesidad de la vivienda. Intervenimos en política pública de San Martín de los Ándes comprometiendo nuestro propio destino y, aliados al lof (comunidad) Curruhuinca del pueblo originario Mapuche, desarrollamos el Barrio Intercultural: una propuesta de convivencia digna y pacífica que nos desafía amorosamente a cultivarnos en valores que nos lleven al Buen Vivir. Esta experiencia se desarrolla en un terreno de 77 hectáreas, ubicado a tres kilómetros del centro de dicha ciudad. Desde 2014 se han construido 56 viviendas y otras 100 están actualmente en construcción. En 2016, el Barrio Intercultural se encuentra entre los 12 finalistas al Premio Mundial del Hábitat de la BSHF.

Antecedentes y contexto

Fundada a finales de siglo XIX después la llamada “Campaña del Desierto”, que implicó todo un proyecto genocida contra el pueblo Mapuche, San Martín de los Andes es hoy una ciudad turística de altos contrastes. La ciudad se desarrolló en medio de un impactante entorno natural a orillas del lago Lácar, entre los bosques y las montañas del Parque Nacional Lanín. Siendo el paisaje el baluarte del destino turístico, se lo ofrece al mercado inmobiliario mientras que buena parte de sus 40 mil habitantes subsisten de la economía popular en precarias condiciones habitacionales. Mientras que cuarenta agentes del mercado turístico-inmobiliario especulan con la tierra imponiendo el Barrio Cerrado como modelo y elevando el precio de la tierra, cerca de 2,500 familias carecen de vivienda propia, y las pocas posibilidades de acceder al suelo marginal fueron históricamente manipuladas por los gobiernos bajo la lógica del clientelismo político.

En abril de 2004, en medio de una intensa crisis que mantenía a un amplio sector de la población excluido del acceso a una vivienda propia y tierras aptas para vivir, surge a la vida política y social de esta ciudad norpatagónica Vecinos Sin Techo y por una Vivienda Digna (VST). Así nos fuimos constituyendo como un colectivo organizado que aportamos ideas y trabajo para romper con estas lógicas y construir una nueva manera de resolver las problemáticas habitacionales en el marco del derecho partiendo del principio de “interculturalidad”. Poniendo en valor nuestras propias capacidades, trabajamos participativamente con instituciones estatales y organizaciones sociales logrando transformar las ideas en acciones y las acciones en acuerdos y normativas de manera de institucionalizar políticas públicas. Éstas han contribuido a paliar la crisis y planificar democráticamente el desarrollo en el campo del hábitat en San Martín de los Andes.

Objetivos generales de VST

  • Apuntar en la agenda pública la urgencia de los sectores más vulnerables de la sociedad, que no poseen una vivienda digna.
  • Elaborar y llevar adelante acciones y soluciones factibles para poner en vigencia el derecho a la vivienda, consagrados en la Constitución nacional, la provincial y en la Carta orgánica municipal.
  • Buscar apoyo técnico y profesional para paliar el estado de “emergencia habitacional”, sancionado por el Concejo deliberante de San Martín en 2004, 2008, 2013 y 2016.
  • Elaborar, proponer y desarrollar propuestas para solucionar la falta de viviendas.
  • Buscar una solución integral, no sólo al problema de la vivienda, sino desde una mirada proactiva sobre la pobreza y sus consecuencias, desarrollando acciones y estrategias para que los propios afectados sean partícipes en la búsqueda de la solución a sus problemas.
  • Generar puentes de encuentro entre distintos sectores de la comunidad para abordar y solucionar la emergencia habitacional.
  • Promover nuevos consensos que aseguren una mejor calidad de vida, que abarquen a la comunidad en su conjunto, como políticas interculturales que promuevan valores y cuidados sobre la ecología y la biodiversidad.

 

¿Cómo nos organizamos? Desde 2004 mantenemos una reunión semanal en las instalaciones de la radio comunitaria FM Pocahullo, constituida como nuestro domicilio legal. Estas reuniones son abiertas, como todas las actividades y asambleas de VST, salvo cuando se trata algún tema interno específico. En general, la radio funciona como un espacio de encuentro ciudadano, recreando una dinámica de articulación entre vecin@s e integrantes de otras organizaciones.

Hacia el interior, los socios elegimos cada dos años a la comisión directiva. Los cargos no representan mayor jerarquía sobre el colectivo ya que la construcción es horizontal y por consenso. L@s representantes somos tanto mujeres como varones sin interponer un tratamiento de proporcionalidad en la representación. Los arbitrios del poder como la verticalidad (ejerciendo o demandando autoritarismo), las cuestiones de género y las manipulaciones, salen al ruedo en todos los espacios como reflejos propios de la sociedad que conformamos. Nuestro compromiso es reconocer esas cuestiones y trabajarlas individual y colectivamente.

Una generación de cambio. Foto: VST

Recuperando el territorio: una generación de cambio. Foto: VST

El Barrio Intercultural condensa nuestra visión del mundo y se materializa en un proyecto de urbanización que se ha conformado en alianza con la comunidad Curruhuinca, una de las cuatro comunidades locales pertenecientes al Pueblo Nación Mapuche -Pueblo originario que aún lucha y reclama sus derechos territoriales a lo largo y ancho de la Patagonia. Este territorio ancestral, wallmapu, fue usurpado a fines del siglo XIX por los estados argentino y chileno en sendas campañas militares como la “Conquista del Desierto” y la “Pacificación de la Araucanía”. Desde entonces los derechos del pueblo Mapuche han sido negados, el Estado y la sociedad argentina del siglo XX se establecieron en el territorio instaurando un modelo de desarrollo que creció bajo el imperio del mercado y hoy día la tierra se ofrece como producto turístico siendo la vidriera de la especulación inmobiliaria, convertida en un bien de cambio, privatizada y fuera del alcance de la mayoría de la población y para colmo es sometida a una política estatal de vivienda que la utiliza como prenda electoral.

Ante este escenario y con la convicción de cambiarlo, desde Vecinos Sin Techo impulsamos un proyecto integral junto a los legítimos poseedores de estas tierras. Desde 2004, en alianza con el Pueblo Mapuche (Lof Curruhuinca y Confederación Mapuche Neuquina), se inició la lucha por la restitución del Lote 27, correspondiente a una porción de 400 hectáreas incorporadas al Parque Nacional Lanín en 1937 y que fueron cedidas en comodato al Ejército Argentino desde 1946. Esto se logró mediante la Ley Nacional 26.725/11 que establece la “transferencia” sin cargo del Lote 27 al lof Curruhuinca como Propiedad Comunitaria. La elaboración de la ley se abordó desde las organizaciones, en el territorio y con pleno acuerdo local con las instituciones involucradas (Parques Nacionales y Municipalidad). La transferencia fue concebida y propuesta como una restitución por VST y el Pueblo Mapuche pero este pesado término que evidenciaba el despojo previo no fue adoptado por el Estado y se estableció como “transferencia” en el texto de la Ley. Esta fue presentada ante el Congreso en 2009 y después de una la lucha mediática y política finalmente fue sancionada en 2011.

Como resultado de esta Ley, de esas 400 hectáreas, cerca de 370 son dominio de la comunidad mapuche sobre las cuales, en una fracción de 77, se establece el Barrio Intercultural y 33 para el municipio, que serán destinadas a instalaciones y servicios de salud, educación, deportes y recreación, incluyendo una escuela técnica de energías renovables.

El Barrio Intercultural no sólo aporta una solución novedosa para los sectores más humildes de la localidad, más allá del acceso a un hogar digno a través de la ayuda mutua y el esfuerzo propio, este proceso nos desafía a realizar nuestros sueños imaginando y produciendo un hábitat que responda a las expectativas de dos grupos, la población criolla empobrecida y el mapuche. Por supuesto, el proyecto demanda el ejercicio consciente de los valores humanos básicos, el auto-reconocimiento como una sola y nueva “comunidad de cambio” y el aprender a recrear una manera de relacionarnos cada vez más amorosa y responsable, basada en la riqueza de la diversidad y en el encuentro intercultural entre los pueblos. El proyecto nos embarca en una elegida transformación colectiva; nos desafía a reconstruir una cultura de vida, una que la sustente y la cultive en toda su diversidad.

Estrategia y desarrollo del proceso

Vecinos Sin Techo hemos trazado una estrategia evolutiva de articulación con otros actores (asociados y aliados), con miras a convertirnos en un actor político-social y así construir la fuerza necesaria para incidir las políticas de vivienda y gestión de tierras. En este sentido, hemos realizado amplias movilizaciones, actos cívicos, talleres internos, encuentros culturales y debates con académicos; hemos abierto espacios de deliberación ciudadana, de reflexión, de formación y de negociación con los poderes públicos, como se detalla a continuación.

Desde el inicio, Vecinos Sin Techo ha sido solidaria con la causa del Pueblo Mapuche, cuyas organizaciones y comunidades en Neuquén reivindican derechos territoriales sobre una vastedad de tierras. Creado en 1937 con un enfoque conservacionista, el Parque Nacional Lanín ejerció el control sobre los recursos naturales de las comunidades originarias hasta 2001, cuando la Confederación Mapuche obtuvo el derecho de participación en la gestión del parque (política de co-manejo), en cumplimiento al Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y al Artículo 72 de la Constitución Nacional, que reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos originarios.

Entre 2004 y 2005, a la par de incidir  en política habitacional a nivel municipal, en VST comenzamos a la proyectar la posibilidad de habitar dicho territorio generando diálogo entre la comunidad Curruhuinca, la Confederación Mapuche de Neuquina y el Parque Nacional Lanín (PNL). Así se desarrolló la idea de desafectar tierras del PNL (lotes 27 y 28), restituirlas a la Comunidad Curruhuinca y crear un “Barrio Modelo Medioambientalmente Sustentable”, proyecto que fue declarado “de interés municipal” por el Concejo Deliberante y de Interés Institucional por el Directorio de la Administración de Parques Nacionales (APN). En ese mismo periodo obtuvimos la firma de un Convenio de Factibilidad en presencia del entonces presidente nacional Néstor Kirchner.

Necesariamente se sumó al proyecto la Municipalidad de San Martín de los Andes y así se fue conformando la Mesa Política del Lote 27, siendo que el lote 28 fue pronto descartado de la negociación. Así se fue institucionalizando este espacio de articulación y gestión donde las instituciones del Estado y las organizaciones supimos construir política por consenso.

Evitar el aislamiento e incidir en políticas públicas

Mientras maduraba la propuesta de Barrio Intercultural, en VST supimos mantener una estrategia más amplia de incidencia en la política pública municipal. De la mano de diversas organizaciones sociales, promovimos en 2004 la realización de un censo de demanda habitacional que evidenció las carencias de la población sanmartinense y obligó al municipio a hacer una primera declaración de Emergencia Habitacional. En este contexto, el ente municipal encargado de la vivienda se elevó al rango de Sub-secretaría y pronto se conformó una Comisión  de Vivienda que sirvió hasta 2010 como un espacio abierto para la formulación de políticas públicas. Tanto la Emergencia Habitacional como el establecimiento de un marco político de prioridades, que propusimos VST a manera de plan de acción de la emergencia, fueron consecuencia de una ardua movilización en la calle y espacios públicos en diferentes y creativas modalidades de presión política que afectaron intereses de varios sectores del poder económico y político del pueblo.

Este Marco Político de Prioridades contempló, entre otras acciones, la construcción de 50 viviendas del programa El hogar más urgente, el lanzamiento del Programa de erradicación de viviendas de lugares inhabitables (se relocalizaron las colonias Maipú y Esperanza Arriba), la puesta en marcha de los planes Federalismo I y II (con 120 y 200 viviendas respectivamente) y la planificación participativa de la urbanización de Chacra 32 para 150 familias.

Desde 2004 la fuerte resistencia institucional a VST fue cediendo ante la propuesta política de la organización que significaba cambiar la lógica clientelar de la política de vivienda y enmarcarla en el derecho. Fue necesario reformular los instrumentos de la elaboración de los criterios, así como los mecanismos de adjudicación de las viviendas a través de procesos participativos y de fiscalización popular, haciendo pública toda la información generada. Con esta serie de cambios impulsados desde VST, el proceso de transformación de la cultura política neuquina conoció un importante auge hasta 2007, cuando la administración municipal volvió a las manos del partido que gobierna la provincia del Neuquén desde hace 52 años.

La relación entre el gobierno municipal y VST fue aún más tensa dado que la ex-senadora nacional Luz María Sapag, tres veces intendente de San Martín, consideraba nuestra aspiración como un sueño inalcanzable. «Para tener esas tierras ustedes necesitan una ley nacional y esa ley es imposible» —decía. Aún así, desde la Mesa Política se formuló el proyecto de ley para lograr la restitución de 400 hectáreas de tierras mapuches y la cesión, en propiedad comunitaria, de una porción de 77 hectáreas para desarrollar el Barrio Intercultural. En 2009, el proyecto ingresó al Senado por medio de la legisladora del FPV Nanci Parrilli y un año más tarde consiguió media sanción. Esto dio pie para lograr el financiamiento de un equipo técnico interdisciplinario –otorgado por la Unidad Nacional de Preinversión (UNPRE) del Ministerio de Economía–, con el cual realizaríamos el diseño participativo del Barrio Intercultural.

Juan Alfonso Bustamante, presidente de VST, presenta el proyecto de Ley de Restitución en el Senado de la Nación.

Juan Alfonso Bustamante, presidente de VST, presenta el proyecto de Ley de Restitución en el Senado de la Nación. Foto: VST

La planificación empieza por generar acuerdos internos

Durante más de un año, las 186 familias involucradas en el proyecto del Barrio Intercultural participamos en talleres organizados por el equipo técnico –compuesto por dos sociólogas, cuatro arquitectos, dos ingenieros, un biólogo, un técnico en energías alternativas y un economista– con el objetivo de concretar una propuesta general y formular acuerdos comunitarios. En este proceso mediaron 20 coordinadores comunitarios integrantes de VST y comprometidos a fondo con el proceso social, quienes procuraron que el abordaje de las propuestas fuera cabalmente comprendido por las familia, en su integralidad y profundidad, tanto en su dimensión técnica como política.

El fruto de estos primeros talleres se plasmó en el Sub-Proyecto del Barrio Intercultural como parte de la propuesta de restitución del Lote 27. Este sub-proyecto abarcaba toda la propuesta técnico-urbanística y un plan de acción para concretarla. En el devenir colectivo de este proceso participativo fue emergiendo la esencia humana no sólo de una “casa y un barrio para vivir” sino de un “cómo queremos vivir” y fuimos armando una propuesta valórica de convivencia sintetizada en el concepto de “Comunidad de Cambio”, la cual surgió desde la interacción con el teólogo brasileño Leonardo Boff y se nutre de la Carta de la Tierra. Esta propuesta integra los siguientes principios esenciales o Acuerdos primarios:

  1. Respetar el Barrio y la vida en toda su diversidad;
  2. Cuidar la comunidad de cambio con entendimiento, compasión y amor;
  3. Construir un barrio con relaciones democráticas, justas, participativas, sostenibles y pacíficas;
  4. Asegurar que los frutos y la belleza del barrio se preserven para las generaciones presentes y futuras.

En este proceso, se realizó un levantamiento ambiental que permitió conocer las características del relieve, los tipos de suelo, vegetación y fauna, para definir los criterios y las pautas de intervención. Así se decidió urbanizar sólo en las áreas donde no se comprometa la calidad ambiental o paisajística y se plasmaron los siguientes Acuerdos Comunitarios:

  1. Mantener la Propiedad Comunitaria de la tierra;
  2. La Naturaleza no se adapta al proyecto, éste se adapta a la Naturaleza. En efecto, la urbanización del territorio no será a través de cuadrículas y manzanas, sino en los claros que permitan los bosques;
  3. Respeto por todas las vidas incluso las fuerzas que no se ven (newen).
  4. Preservar sin urbanizar al menos 50% de la superficie del lote.
  5. Evitar la impermeabilización del suelo (calles de ripio).
  6. La densidad disminuye hacia las áreas de bosque protector y pendientes.

Por otra parte, entre las actividades que permitieron cohesionar al grupo en torno a un sueño común, destaca el Juicio a la vivienda social, que consistió en salir por distintos barrios de la ciudad a visitar planes sociales de viviendas construidas bajo diferentes gestiones y modalidades. En cada lugar compartimos la mirada de los habitantes sobre lo positivo y negativo de las casas, la obra, la convivencia generada, la infraestructura y el entorno natural. Nosotr@s mism@s conocíamos, o conocimos en ese momento, esas realidades y las volvimos colectivamente conscientes para repensar cómo serían las viviendas del Barrio Intercultural.

A la par de los talleres, el equipo técnico apoyó en la realización de un diagnóstico socio-económico y cultural de las familias de VST, otro ambiental; presentó varios anteproyectos de vivienda y concretó las primeras propuestas para la urbanización, contemplando sistemas alternativos de calefacción y tratamiento de efluentes. Este valioso trabajo nos puso frente al enorme desafío de la gestión para producir todo lo propuesto, por lo que conformamos comisiones de trabajo, cada una asignada a tareas específicas.

Un barrio ecológico y productivo

Pasaron ocho años desde el nacimiento de VST, antes de empezar a materializar el sueño del Barrio Intercultural. Sin embargo, el tiempo sirvió siempre para avanzar y a cada paso madurar una propuesta verdaderamente integral. Más allá de la cuestión de la vivienda, los talleres nos ayudaron a imaginar proyectos productivos al interior del barrio, según tres líneas prioritarias definidas colectivamente: 1) construcción y servicios múltiples; 2) producción agroalimentaria y agroturismo; 3) mercado intercultural.

En 2012, cuando al fin se formaron los equipos de trabajo para generar condiciones básicas de desembarco en el territorio, se comenzó a levantar el edificio del SUM-Taller, una construcción de 150 m2 cubiertos que alberga una cocina-comedor comunitario, una oficina, una habitación y un espacio de taller. Ahí se desenvuelve –entre otros proyectos de colaboración con diversos actores– el germen de un espacio definido como Centro de Capacitación, Experimentación y Producción Comunitario (CCEPC) que sirve para el ensayo y desarrollo de materiales, componentes apropiados y tecnologías alternativas. El centro, que fue ideado desde 2010 en convenio con la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata en el marco de programas de extensión y voluntariado, actualmente es parte de la Unidad Productiva que contaremos más adelante.

Sin embargo, la falta de infraestructura básica nos limitaba enormemente. Necesitábamos electricidad para alumbrar y hacer funcionar máquinas de trabajo, lo cual nos negaba el ente responsable del servicio eléctrico; además, el lugar carecía de toda instalaciones sanitarias y su incorporación al sistema de tratamiento de agua de la ciudad era poco probable. Efectivamente, tuvimos que recurrir al trabajo comunitario para instalar los postes y cables de un tendido eléctrico de 650 metros y así proveer de energía al predio. Por otro lado, tuvimos que luchar por hacer valer una propuesta novedosa en materia de servicios sanitarios.

En 2013 obtuvimos un premio en el III Concurso Provincial de Proyectos Sociales por el Proyecto “Cambiando Hábitos Cuidando Recursos” que otorga el gobierno provincial, equivalente a 30 mil pesos, con lo que se financió el desarrollo de un baño seco experimental en articulación con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). VST proyectaba este tipo instalación en todas las viviendas, pero su propuesta se enfrentó al rechazo de la autoridades debido a la inexistencia de normativas municipales. Nos lanzamos entonces tras la validación de esta tecnología y conseguimos el acompañamiento del INTI, del departamento de gestión ambiental de la municipalidad y del ministerio de Salud de la provincia de Neuquén, para realizar muestreos y desarrollar protocolos de verificación. Hoy, el INTI está trabajando en la elaboración de un Manual de Sistemas de Saneamiento Seco con Separación de Orina respondiendo y acompañando procesos como el nuestro en todo el país en pos de avanzar en la validación de este tipo de sistemas alternativos de tratamiento de efluentes cloacales domiciliarios, representando un respaldo a todas las ecotecnias que trasciende el barrio.

El mismo año, siguiendo el anhelo de generar fuentes de trabajo genuino y autónomo, sin capataces ni patrones, se gestionó la adquisición de maquinaria de carpintería y herrería por medio del programa federal Unidades Productivas del Ministerio de Trabajo, el cual entregó un apoyo de 500 mil pesos. Los medios de producción adquiridos por la asociación fueron instalados en el SUM-Taller, donde producimos aberturas y diversos componentes para las viviendas. Como parte de este programa construimos un galpón de 200 metros cuadrados donde actualmente estamos realizando el corte de las placas aislantes estructurales de las nuevas viviendas como parte de la cadena de producción de “La Fábrica” de viviendas coordinada por el Cláster de Vivienda y Hábitat de VST.

Todavía en 2012, VST consiguió el apoyo del Ministerio de Desarrollo Social para echar a andar proyectos agroalimentarios. Con 54 mil pesos del programa federal Manos a la obra, se instalaron invernáculos y se adquirieron herramientas, bomba y paneles solares, manguera de conducción y tanques de acumulación para riego. Así comenzamos a cultivar hortalizas en un predio que servirá para ofrecer capacitaciones en agroecología a los habitantes del barrio y a la comunidad sanmartinense en general.

Por principio, las semillas no se compran, las cosechamos e intercambiamos con productores tradicionales de la región. En este sentido venimos trabajando con organizaciones como la Red Jarilla de Plantas Saludables de la Patagonia y la asociación civil Propatagonia, generando ferias de intercambio en la localidad y participando de otras ferias de la zona. Más allá de este predio demostrativo en el Barrio Intercultural destina 5 hectáreas para la producción agroalimentaria, sector que inauguramos con la instalación de colmenas, mediando una capacitación por parte de la Cooperativa Apícola de los Andes Limitada (CAPAL). A principios de otoño de 2016 realizamos con alegría la primera cosecha de miel.

La construcción de las viviendas

La construcción de un primer conjunto de 56 viviendas inició en 2014, con un financiamiento de 17,8 millones de pesos comprometidos por el programa federal Mejoramiento del hábitat y viviendas de pueblos originarios y rurales, de la Subsecretaría de Vivienda y Urbanismo del Ministerio de Planificación Federal, Infraestructura y Obra Pública. Para la ejecución del programa se abrieron dos frentes de trabajo. Por un lado, las acciones de limpieza, agrimensura y demarcación de calles y parcelas –así como la adaptación del diseño a la realidad del terreno– se realizaron bajo el esquema de trabajo comunitario, acotándonos a las primeras manzanas o islas a intervenir. Por otro lado y como parte de los requisitos de la aplicación del programa, se constituyeron dos cooperativas  que son las que recibieron y ejecutaron el financiamiento y llevaron a cabo la construcción de las viviendas: la Cooperativa Cull Rañi, en la cual participan tanto mujeres como varones de VST con cierta experiencia en la albañilería; y la Cooperativa Newen Mapu, conformada por integrantes de la comunidad Curruhuinca. Cada una asumió la construcción de 28 casas.

La obra se concentró en cuatro manzanas con un número dispar de viviendas, según el diseño que el bosque fue permitiendo. Tres de estos agrupamientos están conformados por casas en construcción tradicional, a base de mampostería de ladrillos. La cuarta manzana agrupa casas en construcción natural, con cerramientos de tierra cruda, adobe. Ahí levantamos paredes mayormente con la modalidad de quincha.

En esta primera etapa de intervención existen tres tipos de vivienda: la de planta baja con dos dormitorios; la dúplex de dos plantas con tres dormitorios; y la natural que cuenta con dos dormitorios. En el caso de las casas dúplex y natural, una de las dos aguas del techo está “viva”, ya que su cobertura externa es de tierra orgánica con pasto creciendo.

En diciembre de 2015 se realizó la adjudicación de las primeras 56 viviendas del BI. Este ansiado momento demandó la elaboración de los criterios de adjudicación por parte de los dos colectivos, VST y Curruhuinca, a partir de los cuales se conformaron los listados y todo el conjunto fue incorporado a una Ordenanza que ratificó criterios y listados produciendo la adjudicación. Ambos criterios tomaron como eje central la participación como determinante del orden de mérito.

La consiguiente asignación de cada vivienda se produjo por separado, ambos colectivos, y el en caso de VST realizamos una elección de casa por casa, familia por familia, hasta completar las 28 que nos correspondían en un proceso sin conflictos.

Aunque no se llegó al final de obra por no haberse librado el último desembolso del convenio, desde el mes de marzo de 2016 comenzamos a habitar progresivamente las viviendas que estaban en condiciones de serlo. Este desembarco en el territorio se produjo a la par de conseguir el financiamiento para las siguientes cien viviendas. Previamente, desde la Mesa política se había cumplimentado toda la documentación para gestionar este nuevo programa al cual se incorporaron modificaciones, nacidas de un nuevo Juicio a la vivienda revisando esta vez nuestras propia experiencia para mejorarla, convencidos de que el diseño y la belleza no son lujos sino virtudes que complementan la técnica. También incorporamos nuevas tipologías de vivienda con diferentes sistemas constructivos.

Toda la gestión de la obra no sucedió sin inconvenientes. La autogestión fue una novedad para todxs lxs compañerxs que llevaron adelante el trabajo en un colectivo como en el otro y el desarrollo de obra fue un complejo proceso humano de aprendizajes compartidos. Con esa experiencia y la evaluación consecuente, la aplicación del nuevo programa se concibió de manera diferente. Los fondos no llegan a las cooperativas (Cull Rañi y Newen Mapu) sino a las organizaciones (VST y Curruhuinca) y son éstas quienes tutoran la gestión de obra desde su responsabilidad política y técnica.

Tejiendo alianzas para la innovación ambiental

Bajo esta misma lógica de articulación, otra innovación ambiental fue la introducción de estufas accesibles y de alto rendimiento. SARA –Estufa Social Argentina de Alto Rendimiento– es un desarrollo conjunto del INTI y el Consejo Nacional de Investigaciones Científica y Técnicas (CONICET) cuya primera transferencia tecnológica se realizó en el Barrio Intercultural en 2014.

Siguiendo una política solidaria de alianzas con diversos actores sociales de San Martín de los Andes, el barrio abrió sus instalaciones para la realización de los talleres en energías renovables con jóvenes de la Escuela Provincial de Educación Técnica N° 21 (EPET 21). Las estufas SARA han sido implementadas en algunas viviendas de las familias que las eligieron y permiten volver accesible una tecnología de alto rendimiento, por momentos restrictiva en el mercado, cumpliendo el compromiso colectivo de reducir el impacto ambiental. De igual manera esta posibilidad será integrada a las futuras construcciones. Esta posibilidad se enmarca en un proyecto bajo el Programa Consejo De Actores Sociales (PROCODAS) financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación que incluye el rediseño de la estufa para incorporar nuevas prestaciones (horno, hornallas) y un plan de monitoreo de su funcionamiento y rendimiento llevado adelante por la escuela así como la elaboración participativa de un programa de conservación del bosque coordinado por Propatagonia en un marco articulado entre VST, la Comunidad Curruhuinca y el INTI.

La EPET 21 funciona desde su creación sin edificio propio y habiendo logrado sumar su lucha por un espacio definitivo en el Lote 27 integrando desde el 2012 la Mesa Política. Tras arduas gestiones y presiones articuladas por los colectivos se ha conseguido comprometer el financiamiento de la Provincia para iniciar la construcción  de la Escuela habiendo ya comenzado las obras preliminares (apertura de camino, alambrado del predio, bajada de electricidad, agua, etc.)

En lo que resta por construir, trabajaremos con otro equipo interdisciplinario de ocho técnicos contratados mediante un convenio con la Dirección Nacional de Preinversión Municipal (DINAPREM), del Ministerio del Interior y Transporte de la Nación, el cual ya acordó un monto de 870 mil pesos para la formulación de los proyectos ejecutivos.

Cláster de Hábitat, construir en clave de articulación

Al crearse el Instituto Municipal de Vivienda Municipal, integrado a la Carta Orgánica local en 2010 a propuesta de VST junto a otra organizaciones y conformarse por ordenanza en 2012, se incorporó a esta institución un área de producción de vivienda mixta, llevada adelante por el Estado en conjunto con empresas y organizaciones. Hasta el momento la política del estado no avanzó en este sentido y desde VST tomamos la iniciativa en la necesidad de optimizar los procesos de producción de soluciones decididos a no esperar ante la Emergencia Habitacional, vuelta a declarar en 2016.

Secuencia de corte de paneles

Secuencia de corte de paneles en La Fábrica

Así, en abril de este año inauguramos en Cláster de Vivienda y Hábitat “La Fábrica” coordinando un entramado de capacidades integrado por empresas cooperativas (construcción) y privadas (proveedores de insumos de obra), Universidades Nacionales -Facultades de Arquitectura (La Plata y Córdoba) y Sociología (San Martín)- y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial. De esta manera venimos instalando un método de gestión integral del plan de viviendas (100) que se ejecuta en el barrio.

 

El reconocimiento de La comunidad Curruhuinca

La maduración de la relación de respeto mutuo entre VST y la comunidad Curruhuinca, nos ha permitido emprender los primeros talleres interculturales, en los cuales participan las familias tanto de VST como del lof. Estamos formando nuevos coordinadores comunitarios en ambos colectivos y diseñando juntos una dinámica nueva para el abordaje y definición de las normas de convivencia que constituirán la Carta del Barrio así como toda la planificación necesaria para el desembarco conjunto en el territorio y lo que resta de la urbanización.

Más ampliamente, el proceso del Barrio Intercultural ha contribuido al reconocimiento público del pueblo Mapuche. En diciembre de 2014, la plaza central de San Martín de los Andes fue testigo de un acto significativo hacia el reconocimiento institucional de la interculturalidad y sus símbolos. Por vez primera se izó la bandera mapuche (WenuFoye) junto a la bandera argentina en un evento promovido desde la Mesa Política de Lote 27 por la comunidad Curruhuinca. El acto se dio como una respuesta pacífica a una serie de expresiones de intolerancia y discriminación que sólo se explican por el oportunismo político de algunos dirigentes conservadores.

El 10 de diciembre de 2014 se izaron las bandera Mapuce y Argentina en la plaza central de San Martín. Foto: gobierno de San Martín

El 10 de diciembre de 2014 se izaron las bandera Mapuce y Argentina en la plaza central. Foto: gobierno de San Martín

Algunos obstáculos: Toma de tierras, desvíos institucionales y tentación clientelista

Una de las dificultades que hemos identificado a lo largo de estos años tiene que ver con la continuidad de los mecanismos institucionales previstos para la participación social en contextos de cambio político. El ejemplo más claro se dio tras la llegada en 2007 de un nuevo gobierno municipal que desalentó la participación de los movimientos sociales en la política de vivienda, dirigida de manera cerrada desde una subsecretaría que ahora desconocía a la comisión de vivienda, cuando ambas habían sido creadas por la administración anterior. Lo que es peor, es que durante la última gestión del Movimiento Popular Neuquino (2007-2011), la clase política tradicional procuró socavar la autonomía de las organizaciones sociales, operando “tomas espontáneas de tierras” con fines clientelistas. Así, mientras VST y la comunidad Curruhuinca construían acuerdos para consolidar un proyecto en propiedad comunitaria, el gobierno reubicaba a 200 familias en el predio de Chacra 28, como recompensa tras una ocupación teatral. En realidad, los principales beneficiaron de dicha operación fueron los dueños de esos terrenos, quienes formaron dos loteos “sociales” privados, inmediatamente dotados de servicios básicos por la municipalidad, y consiguieron elevar la densidad habitacional al amparo de una nueva declaración de “emergencia habitacional”.

En 2011, la asociación VST y diversas organizaciones sociales comenzamos a juntarnos en asamblea y, frente a un escenario electoral municipal, decidimos hacer pública nuestra oposición a la continuidad del partido gobernante, el Movimiento Popular Neuquino, que controla la provincia desde hace más de 50 años. En San Martín de los Andes, el cambio fue posible y desde entonces hemos seguido impulsando una gestión más abierta de la política de vivienda. Junto al Movimiento de Ocupantes Inquilinos (MOI), formulamos y presentamos la ordenanza de creación del Instituto de Vivienda y Hábitat para acordar las políticas integrales de hábitat y facilitar la gestión articulada de recursos de programas sectoriales y de distintos niveles de gobierno. Desde el nuevo Instituto se han impulsado normativas de autogestión, plusvalía urbana, construcción en adobe y gestión de recursos para la construcción de viviendas.

A pesar del cambio de gobierno, considerando el antecedente de Charchas 28 y la persistencia de la crisis habitacional, las tomas de tierra siguieron. Esta vez 130 familias ocuparon un predio del ejército en Chacra 2, muy cerca del Lote 27. Entonces entendimos que se orquestaba una amenaza contra los avances de la propuesta comunitaria de Vecinos Sin Techo. La posibilidad de que tomaran el Lote 27 fue una cuestión que debimos manejar ya que de concretarse hubiera demandado un arduo trabajo, alterando los tiempos o generando conflictos. De manera colectiva, planificada y acorde a la estrategia integral, pensamos entonces en resguardar el territorio: instalamos un tráiler en el Lote, comenzamos a hacer serenías por turnos y, en el invierno de 2011, se facilitó la instalación de una primera familia.

Ahora bien, los obstáculos que se han presentado también han surgido desde el interior de la organización. Con el avance de la obra no fueron pocas las dificultades que enfrentaron l@s compañer@s de la cooperativa de VST, Cull Rañi, así como los conflictos de relación, laboral y personal, que se dieron al calor del trabajo. Aunque muchos disponían de conocimientos en albañilería y construcción, nadie tenía experiencia previa en cooperativismo. Más aún, destaca el desconocimiento de los materiales y las técnicas de construcción ecológica. En efecto, a pesar de que el proyecto inicial contemplaba que todas las viviendas fueran naturales, pronto encontramos resistencias al interior del grupo, generando retrasos y complicaciones. Para la segunda etapa de construcción de 100 casas, estamos formando la cooperativa Raíces-Bioconstrucción con nuevo personal capacitado para trabajar con esta modalidad.

Valoración General

En este proceso colectivo, más aún comunitario, hemos aprendido a reconocer la pobreza como un punto de partida histórico. Hemos entendido que ésta es producto de un proceso civilizatorio específico que empobrece a los más débiles, un sistema que nos explota y nos arrincona en la miseria, nos niega la dignidad, nos incapacita, nos deja sin respuestas, nos vuelve dependientes, funcionales clientes de la partidocracia que nos gobierna. Este empobrecimiento es cultural. De ahí partimos.

Nos aglutinó la falta de vivienda. Cientos de familias que necesitábamos una casa donde vivir tomamos en nuestras manos la responsabilidad de nuestro propio destino. El proyectar viviendas nos puso ante la necesidad de tierras donde asentarnos y aquí es donde aparece la Interculturalidad. Elegimos forjar este destino sobre el acto de justicia que representa el reconocimiento histórico del derecho ancestral del pueblo Mapuche a su territorio. Si en este territorio hay tierras, éstas son Mapuche, y por tanto tierras comunitarias. Bajo esta concepción, la tierra no es un bien especulativo para la venta, es un bien común que sale del mercado.

En el Barrio Intercultural nos embarcamos, miserables y virtuosos, en un proceso liberador. Así comenzamos a pensar el barrio no sólo como un conjunto de casas sino como una comunidad que convive, que trabaja, que se proyecta en su educación y en el cuidado de su salud. Un barrio en toda su complejidad que no se aísla sino que se propone y articula con la ciudad a la que se integra. Esto nos puso en un camino de transformación y búsqueda que nos dispone a recrear nuestra propia identidad comunitaria; un camino arduo, contradictorio, gradual, que lleva el ritmo de los más débiles en procura de una maduración colectiva y nutriéndose de las maduraciones individuales siempre diversas.

Propusimos, peleamos y generamos colectivamente la oportunidad política de la restitución territorial. Con la instalación del Barrio Intercultural, también se construyó la propuesta valórica de la “comunidad de cambio” y el diseño concreto de la urbanización. En este proceso se fueron abriendo paso nuestros sueños en un poderoso entramado de voluntades, organizaciones e instituciones. Nos fuimos reconociendo de transformar la realidad.

Vista invernal del Barrio Intercultural. Foto: VST

Vista invernal del Barrio Intercultural. Foto: VST

Resumen de actividades de incidencia y difusión

  • En los últimos años, junto a organizaciones sociales aliadas, participamos en la puesta en marcha del Instituto de Vivienda y Hábitat (Ordenanza 9487/12), el cual involucra a tres dirigentes de VST y cuyo director aportó activamente al proyecto de Barrio Intercultural.

  • En 2012, se logra la normativa que reglamenta la construcción con tierra cruda, adobe y materiales naturales (Ordenanza 9409/12).

  • Ese año, tras un arduo proceso de debate y consenso en el seno de la Mesa Política, se logró la Ordenanza de aceptación de las tierras transferidas a la Municipalidad, el establecimiento del Barrio Intercultural y la consecuente ampliación del ejido municipal (Ordenanza 9623/12). Esta ordenanza es considerada por las autoridades curruhuinca como la primera “ordenanza intercultural” desde la Declaración de Municipio Intercultural en la Carta Orgánica de San Martín de los Andes en 2010. En ella se incluye la reserva de un espacio para una escuela técnica en energías renovables (EPET 21), que funciona en el pueblo sin edificio propio, sumándose esta institución educativa a la Mesa Política.

  • Desde 2013, junto a siete organizaciones sociales, la municipalidad y el Parque Nacional Lanín, conformamos un Consorcio para gestionar un programa de microcréditos. Después de año y medio de gestiones se acreditaron los fondos prestables para comenzar el programa. Como acuerdo y desafío inicial de las organizaciones nos propusimos empoderarnos de esta herramienta política financiera para romper con la forma de gestión gubernamental como instrumento clientelar y  generar una política de fomento y desarrollo genuina.

  • Desde que iniciamos las obras, hemos recibido a altos funcionarios nacionales como Carlos Tomada, ministro del trabajo; Agustín Rossi, de la Defensa; Teresa Parodi, de Cultura; al Secretario General de la presidencia Oscar Parrilli; al Jefe del Gabinete de Ministros Aníbal Fernández y al Subsecretario de Vivienda y Desarrollo Urbano Germán Nivello.

  • Participamos en el Ier Encuentro Nacional de Arquitectura Comunitaria (ENAC 2013) propiciamos que este campo profesional asuma como desafío la articulación más cercana con las organizaciones. Esta incidencia quedó reflejada en el documento final del encuentro: “El campo intersectorial  expresa la necesidad fundamental de confluencia con organizaciones sociales campesinas, originarias, barriales, vecinales y comunidades que compartan el mismo espíritu de cambio. Esto último representa un aspecto central, de este vínculo surge la construcción de un rol profesional apropiado y la fuerza popular necesaria para afrontar cambios a mayor escala.” (Adjuntamos el documento final del ENAC 2013)

  • En el campo de la filosofía participamos en dos eventos. En el Ier Congreso Nacional de Epistemología Crítica en el Campo del Hábitat, realizado en Córdoba, VST y la comunidad Curruhuinca presentamos la experiencia. A su vez, el Barrio Intercultural fue sede de una de las jornadas del Ier Encuentro Mexicano-Argentino de Filosofía. Creemos que estos eventos abren puertas para repensar los procesos de producción del conocimiento, fortalecer los vínculos academia-sectores populares y comparar nuestra praxis con las teorías emergentes de la intelectualidad. Por supuesto, a lo largo del camino el barrio ha sido observado por referentes de diferentes disciplinas e instituciones académicas tomándolo, y tomándonos, como objeto de estudio, cuanto menos de curiosidad. Entendemos que este escenario no es casual sino que habla de la trascendencia que tiene el proyecto, habla de la altura a la que vuelan los sueños, habla del reto al que día a día nuestros sueños nos desafían: cohabitar este pedacito de mundo en libertad.

 

Para saber más…

Consulta aquí la documentación publicada por la Building and Social Housing Fundation, que reconoció al Barrio Intercultural entre los 12 finalistas al Premio Mundial del Hábitat 2016.

También puedes ver el video realizado por La Cooperacha y leer el artículo Vecinos sin techo, once años por una vivienda digna.

 

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