Qué queremos

Nuestro objetivo es documentar, visibilizar y fortalecer las experiencias trasformadoras llevadas a cabo desde organizaciones y comunidades tantos urbanas como rurales de América Latina en materia de producción y gestión social del hábitat (PSH), es decir:

Todos aquellos procesos generadores de espacios habitables, componentes urbanos y viviendas que se realizan bajo el control de auto-productores y otros agentes sociales que operan sin fines de lucro. Los procesos de producción y gestión social del hábitat se dan tanto en el ámbito rural como en el urbano, y pueden tener origen en las propias familias actuando individualmente, en grupos organizados informales, en empresas sociales como las cooperativas, o en las ONG, entre otros. Las variantes autogestionarias incluyen desde la auto producción individual espontánea de vivienda hasta la colectiva que implica un alto nivel organizativo de las /os participantes y, en muchos casos, procesos complejos de producción y gestión de otros componentes del hábitat.

—Enrique Ortiz Flores, Producción social de la vivienda y el hábitat, 2012, p. 73 (en línea)

No sólo se trata de defender esta modalidad como una herramienta destinada a satisfacer el derecho humano a una vivienda adecuada, a un hábitat digno e incluso el derecho a la ciudad de los habitantes de bajos recursos, sino también de incidir en leyes, reglamentos, planes, programas, políticas públicas, y presupuestos a nivel local, nacional, regional e internacional.

Objetivos específicos

  1. Crear un espacio regional de articulación, análisis, intercambio de conocimientos y experiencias, para la construcción teórica y/o práctica en materia de producción y gestión social del hábitat.
  2. Promover espacios de reflexión que permitan hacer un balance de lo logrado hasta ahora (proyectos, programas, políticas, presupuestos) así como de los obstáculos encontrados y la viabilidad de la producción y gestión social del hábitat en América Latina en el contexto político-social actual.
  3. Registrar y sistematizar las experiencias transformadores más significativas.
  4. Desarrollar de forma colectiva una estrategia de incidencia para posicionar los resultados de esta sistematización y las propuestas teóricas que surjan del grupo, a nivel nacional, regional (MINURVI) e internacional (Hábitat III).
  5. Articular los hallazgos y resultados del grupo de trabajo con experiencias similares que se desarrollan a nivel internacional y en otros continentes (proyecto Urbamonde)

Propuesta de Enrique Ortiz (HIC-AL)

El nuevo ejercicio que proponemos a nuestros miembros y otros actores comprometidos en procesos de producción y gestión social del hábitat avanza y profundiza en el realizado hace 10 años, mismo que fuera recogido y publicado en 2005 por el Foro Universal de las Culturas bajo el título De la Marginación a la Ciudadanía: 38 casos de producción y gestión social del hábitat.

delamarginacionalaciudadaniLa sistematización y análisis que realizamos en esa ocasión Carla Rodríguez y yo de los 42 casos presentados por organizaciones latinoamericanas, mostró el amplio abanico de actores involucrados y temas abordados en la mayor parte de las experiencias, lo que nos mostró la necesidad y la capacidad de los actores sociales para enfrentarse a la complejidad implicada en los procesos del hábitat humano.

También nos mostró las dificultades y obstáculos que enfrentan, principalmente aquellos que se proponen incidir en las políticas públicas para abrir caminos nuevos y transformadores y, lo que es más grave para estos procesos, las debilidades y dificultades que enfrentan los actores sociales en la construcción de una nueva cultura y de mecanismos de gestión capaces de garantizar la continuidad y la profundización de sus luchas en una perspectiva transformadora y de largo aliento.

Existen proyectos aislados que conjuntan elementos transformadores en el manejo colectivo y democrático de sus procesos productivos y de gestión, la adopción de formas de apropiación social de la tierra y la vivienda y la inclusión de temas ambientales y de fortalecimiento económico, que por supuesto pueden ser registrados.

Sin embargo interesa más esta vez la detección y documentación de procesos que han sido capaces de manejar la integralidad compleja del territorio rural o del hábitat urbano en el que actúan, articulando múltiples actores y campos de intervención y metodologías que fortalecen su autonomía, su capacidad de incidencia, la conducción y control democrático de sus procesos de producción y gestión y el desarrollo de una nueva cultura solidaria y responsable.

Procesos capaces de articular los aspectos socio-organizativos, los físico-ambientales, el fortalecimiento económico de las comunidades participantes y los cambios culturales que todo ello exige dentro de un planteamiento dinámico e integrador. Procesos generadores de una política capaz de incidir en las transformaciones exigidas por su propio proceso y de construir articulaciones, alianzas y acciones conjuntas y solidarias capaces de construir poder popular y de negociar –o presionar- transformaciones significativas tanto en las prácticas institucionales como en las propias prácticas de las organizaciones y comunidades que interactúan.

Es a partir de estos propósitos que es necesario en una primera fase revisar la ficha propuesta y proponer la metodología que nos permita aplicarla sin perder la interdependencia de los diversos factores que caracterizan los diversos procesos que se analizan.

La perspectiva de los derechos humanos ayuda mucho a este propósito ya que estos son por su naturaleza misma interdependientes, lo que nos obliga a abordar los casos en su integralidad compleja.

Hacer efectivos los derechos humanos y en particular aquellos vinculados al hábitat implica:

  1. Promover su reconocimiento tanto en la constitución de los Estados como en las políticas, instrumentos y programas públicos, lo que nos refiere a las acciones de incidencia implicadas en los procesos y los proyectos a registrar;
  2. Actuar en su defensa en caso de violaciones caracterizadas por el despojo y apropiación de los bienes comunes, los desalojos y desplazamientos forzados de población causados por macroproyectos urbanos y rurales, la violencia y el cambio climático;
  3. Impulsar y garantizar la realización concreta de estos derechos mediante procesos controlados por la población participante como es el caso de la producción y la gestión social del hábitat.

Los proyectos transformadores tocan al menos dos de estas tres vertientes partiendo indistintamente de la voluntad de los participantes de resolver una necesidad, de producir o mejorar y/o gestionar su hábitat; de una violación de los derechos vinculados al hábitat o de los impedimentos institucionales y políticos para realizarlos; o de la necesidad de incidir ante las instancias públicas para lograr cambios en las políticas, instrumentos y programas que los reconozcan y apoyen.

Es por ello que la ficha da un énfasis especial a la estrategia seguida y a la interacción entre los diversos actores y temas, tanto a lo interno de los procesos como entre estos y el contexto interactoral en que se desarrollan, dando un espacio importante a las acciones de incidencia y a la autovaloración y autocrítica del proceso seguido.

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