Cooperativa Guendaliza’a

Organización: Cooperativa Guendaliza’a
Ubicación de la experiencia: Cuchilla Pantitlán, Ciudad de México
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Resumen: El objetivo de Guendaliza’a es la construcción de un espacio de vida digno para 48 familias del oriente de la capital mexicana. En su esfuerzo por hacer efectivo el Derecho a la Ciudad, estas familias se han encontrado con el modelo cooperativista y ahora tienen la difícil tarea de abrir el camino hacia una nueva generación de políticas públicas que reconozca nuevas formas de propiedad social. La construcción de las viviendas inició en 2015. A la par, la cooperativa ha venido impulsando un programa de mejoramiento barrial que busca mejorar la convivencia y los servicios culturales en beneficio de todos los habitantes de la zona.

Antecedentes

La cooperativa Guendaliza’a se desprende de un proceso de lucha que nació a principios de los setenta y que conoció un auge tras los sismos de 1985 en la Ciudad de México, cuando la solidaridad vecinal y la ayuda mutua se hicieron imprescindibles. Hablamos del Movimiento Urbano Popular. Aunque su unidad y su capacidad movilizadora han menguado con el paso del tiempo, muchas de las organizaciones que se formaron en esos años siguen ejerciendo un contrapeso ciudadano a la hora de defender las libertades democráticas y de hacer efectivo el derecho a una vivienda digna para todas y todos. Más aún, aquellas organizaciones que se reconocen desde 2006 en el Movimiento Urbano Popular de la Convención Nacional Democrática (MUP-CND), han sido un actor clave en la definición de un proyecto de ciudad democrático, incluyente, sostenible, productivo, educativo y habitable, que se expresa en la Carta de la Ciudad de México por el Derecho a la Ciudad.

En 2010 el gobierno de la ciudad endosó el compromiso de seguir los lineamientos conceptuales de dicha Carta y se comprometió a diseñar y promover, junto con las organizaciones sociales, un nuevo Programa Comunitario de Producción y Gestión Social del Hábitat (PROGESHA), conforme a los nuevos lineamientos jurídicos establecidos por la nueva Ley Federal de Vivienda, y que sería operado mediante el Instituto de Vivienda del Distrito Federal (INVI).

La Ley Federal de Vivienda de 2006 reconoce la Producción Social de Vivienda como una forma de producción que:

  1. atiende las necesidades habitacionales de la población de bajos recursos;
  2. se desarrolla mediante el control de autoproductores y autoconstructores que operan sin fines de lucro, a través de la realización de procedimientos autogestivos y solidarios;
  3. da prioridad al valor de uso de la vivienda por sobre la definición mercantil.

 

El movimiento social buscaba desde luego materializar el Derecho a la Ciudad a través de un programa experimental (PROGESHA) que para estructurarse y crecer, necesitaba nutrirse de una serie de experiencias piloto de Producción Social de Vivienda. Entre las distintas organizaciones que integran al MUP-CND, tres comenzaron a trabajar en este sentido y en 2011 desarrollaron una serie de proyectos habitacionales. Así, la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata (UPREZ) identificó 35 zonas de trabajo y generó interesantes propuestas arquitectónicas orientadas hacia la agricultura urbana, el ahorro de energías y la vinculación con los barrios receptores de los proyectos. De igual modo, un grupo perteneciente a Patria Nueva realizó estudios técnicos y socioeconómicos sobre varias colonias de la delegación Iztapalapa. Finalmente, Sociedad Organizada en Lucha (SOL) hizo lo propio: facilitó la formación de un grupo inicial de 15 familias dispuestas a experimentar en el marco del PROGESHA y ubicó un terreno propicio para el desarrollo del proyecto que ahora conduce la cooperativa Guendaliza’a.

A seis años de la firma de la Carta y del lanzamiento del PROGESHA, Guendaliza’a es el primer grupo en haber logrado hacerse de un predio. Aunque el conjunto habitacional aún se encuentra en la etapa constructiva, y a pesar de la falta de voluntad política por parte del INVI, la organización ha sabido consolidarse y crecer de manera autónoma, de tal modo que ahora 48 familias se encuentran involucradas en este proceso. Todas ellas tienen la difícil tarea de abrir el camino hacia una nueva generación de políticas públicas que reconozcan la función social de la propiedad y que incentiven el cooperativismo de vivienda en México.

El proyecto

Guendaliza’a significa “hermandad” en lengua zapoteca y es el nombre que adoptó el grupo en 2014 tras un largo proceso de maduración organizativa que apunta hacia la constitución de una cooperativa de vivienda. En este sentido, aunque todavía no dispone de personalidad jurídica, el grupo cuenta con un reglamento interno y un sistema de gobierno propio, cuya máxima autoridad es la asamblea general. Por debajo de esta figura se encuentra la mesa directiva, cuya función es administrar el trabajo comunitario, evaluar los avances de la obra y articular el trabajo de las siete comisiones: cultura, enlace, formación política, ecología, salud, honor y justicia, finanzas y economía solidaria. La mesa directiva se reúne cada semana y está compuesta por un representante de cada comisión. Desde luego, todos los socios participan en al menos una de estas comisiones de acuerdo a sus capacidades y su especialización profesional; también se estimula la rotatividad de los cargos dentro de la organización, de tal forma que la información sea compartida por todas y todos.

El objetivo primordial de Guendaliza’a es la construcción de un espacio digno para vivir, de donde se desprende la necesidad de recomponer el tejido social del barrio, favorecer iniciativas de proyectos productivos y hacer efectivo el Derecho a la Ciudad. Desde esta perspectiva, el diseño del conjunto habitacional integra dos espacios complementarios: un comedor comunitario y una clínica, ambos abiertos a todos los habitantes de la colonia.

El Ingeniero Miguel: cooperativista y maestro de obras

El Ingeniero Miguel: cooperativista y maestro de obras. Foto: J. Díaz

A la par se construye un centro comunitario sobre un terreno perteneciente a la delegación Venustiano Carranza, por medio del Programa Comunitario de Mejoramiento Barrial del gobierno del Distrito Federal. Si bien los socios de la cooperativa son quienes impulsan este proyecto en beneficio de la colonia, los vecinos del área también participan en las asambleas y se han ido integrando al comité de administración que vigila el uso adecuado de los recursos otorgados por la Secretaría de Desarrollo Social.

Aunque en ambos casos se recurre a mano de obra externa, todos los socios participan en la medida de sus posibilidades en tareas que permiten abaratar los costos, tales como cercado del terreno, labores de vigilancia y limpieza, administración y planeación de la obra, colados, transportación de piedra y arena, entre otros trabajos de albañilería no especializada.

Desde el diseño de los edificios, que lleva la firma del arquitecto Eduardo Mújica, se ha buscado la integración con ecotecnias, entre ellas: tratamiento de aguas jabonosas para hacerlas reutilizables, paneles solares para calentar el agua para ahorrar energía, agricultura urbana para el autoconsumo y para el consumo de la comunidad.

Los departamentos varían entre 54 y 58 metros cuadrados y los miembros de la cooperativa pagarán por cada uno de ellos, cerca de 350 mil pesos. Aunque la tenencia del predio se encuentra en manos del INVI, se espera que una vez terminada la obra y el reembolso del crédito, se proceda a una escrituración colectiva a nombre de la cooperativa.

"Nosotros le decíamos al arquitecto: hazle esto y cámbiale lo otro, hasta que se dio un momento en el que se tenía que entregar el diseño, lo evaluamos, a todos nos gustó y se hizo el proyecto ejecutivo que se ingresó al INVI" Zabad, músico y cooperativista. Foto: J. Díaz

“Nosotros le decíamos al arquitecto: cámbiale ésto y lo otro. Cuando hubo que entregar el diseño, lo evaluamos, a todos nos gustó y así se ingresó el proyecto ejecutivo al INVI” −Zabad, músico y cooperativista. Foto: J. Díaz

Estrategia y desarrollo del proceso

La fortaleza de Guendaliza’a es proporcional al tiempo que sus miembros han invertido en la definición conceptual del proyecto y en numerosas actividades que van desde el sano esparcimiento colectivo hasta la formación política de cada integrante. Este proceso no ha sido lineal ni sigue recetas preestablecidas. Por lo contrario, el camino de Guendaliza’a está sembrado de dudas y temores que sólo han podido ser remontadas gracias a la creatividad y la tenacidad del colectivo.

La aventura comenzó en 2011, cuando dos grupos de solicitantes de vivienda establecidos en las colonias Arenal y Villa de Aragón, se unieron en búsqueda de un terreno y fusionaron sus ahorros. Desde ese momento se planteó la posibilidad de realizar un proyecto distinto a los que impulsa el Instituto de Vivienda, no sólo porque la obra sería gestionada por el grupo de solicitantes sino porque además se buscarían formas de interactuar con los vecinos y mejorar las relaciones barriales.

Si bien se contrató mano de obra especializada, las y los cooperativistas han aportado su propia mano de obra. Foto: Guendaliza'a

Si bien se contrató mano de obra especializada, las y los cooperativistas han aportado su propia mano de obra. Foto: Guendaliza’a

El grupo unificado no tardó en hallar un predio en la colonia Cuchilla Pantitlán que había servido como bodega y que estaba en desuso a pesar de su excelente ubicación junto a un hermoso parque. El dueño del predio, sensible a la causa del grupo, accedió a la venta mediando un precio justo, que sin embargo rebasaba lo ahorrado por los solicitantes. Por este motivo se requirió en 2012 el apoyo crediticio del INVI y la figura asociativa de Sociedad Organizada en Lucha (SOL), con la cual se obtuvieron los recursos para comenzar la obra.

Hubo entonces que plantearse mecanismos financieros más estrictos y a la vez más incluyentes. Por un lado, para combatir el ausentismo y lograr una participación equitativa, se establecieron sanciones para quienes faltaran a las asambleas, con multas de hasta 200 pesos. Por otra parte, se acordó que cada miembro debería aportar 45 pesos semanales al fondo de ahorro y otros 15 pesos a gastos administrativos de oficina (reparaciones, impresora, hojas, etcétera). Para reafirmar la solidaridad interna, el fondo contempla un seguro que permite cubrir las aportaciones de un miembro en caso de que se quede sin empleo o sufra un accidente. Finalmente, los gastos no contemplados –como el pago de las escrituras, el proyecto arquitectónico, los aguinaldos para el arquitecto, los costos de demolición y retiro de cascajo– han sido cubiertos gracias a la organización de actividades colectivas tales como kermeses, eventos culturales, venta de verduras y postres, recaudación y venta de pet, entre otras.

Por otro lado, la adquisición del predio también aceleró la reflexión acerca del tipo de proyecto que se quería impulsar en el marco del PROGESHA. Además de sumar la experiencia en vivienda social del arquitecto Eduardo Mújica, los integrantes del grupo tuvieron la oportunidad de realizar valiosos intercambios y de conocer otras experiencias como la de Palo Alto, donde cada año se realizan las Pasantías de organizaciones sociales de México y América Latina a cargo de la Coalición Internacional para el Hábitat (HIC-AL). En la pasantía de 2012, el encuentro con grupos cooperativistas de Centroamérica tuvo un impacto mayúsculo sobre la definición del proyecto de Cuchilla Pantitlán y a decir de los propios socios, el destino de Guendaliza’a quedó para siempre saldado: se trataría de un conjunto habitacional de propiedad colectiva. Las siguientes visitas a las cooperativas de la colonia El Molino en Iztapalapa, de la Tosepan en Puebla e incluso a las experiencias nicaragüenses de la COCEAVIS, no hicieron más que reforzar esta intención.

Ahora bien, a pesar del legado revolucionario y la importancia de la propiedad social en el ámbito rural, las ciudades mexicanas no ofrecen muchas alternativas en este sentido. Por lo contrario, desde los años noventa, el sector financiero y la industria de la construcción se han aprovechado de la legítima aspiración de la gente a tener una casa propia para imponer la propiedad privada como única alternativa de acceso a la vivienda.

Esta ideología ha tenido que ser combatida tanto a nivel institucional como al interior del grupo. En 2012, Guendaliza’a vivió una fuerte discusión sobre el carácter y la personalidad jurídica que debería asumir el proyecto colectivo. Esto derivó en la salida de algunas familias que deseaban seguir los pasos trazados por el INVI: constituir una asociación civil para después escriturar individualmente las viviendas. Pero más allá del desencuentro, imperó la voluntad de la mayoría y se optó por el modelo solidario, en el cual la cooperativa es dueña del conjunto y los socios hacen uso y goce de sus viviendas, sin tener el dominio pleno de las mismas, es decir sin poder vender o hipotecar sus bienes.

Aunque la ruptura no fue fácil, con ella también se aclaró el sentido del proyecto y pronto se consiguieron nuevos y más entusiastas participantes. Además la experiencia sirvió para que la comisión de honor y justicia fijara los mecanismos de entrada y salida. Así, cuando una persona renuncia al proyecto, se busca un nuevo socio capaz de reponer el monto que llevaba invertido la persona saliente. Aunque ésta recupera su inversión, no recupera el trabajo invertido en la limpieza del terreno, la vigilancia de la obra, el traslado del material y tantas otras actividades solicitan tiempo y esfuerzo.

En Guendaliza participan jóvenes como Miriam que aportan sus conocimientos y motivación al colectivo. Foto: JD

Aquí participan jóvenes como Miriam que aportan sus conocimientos y motivación al colectivo. Foto: J. Díaz

Guendaliza’a, cuyo nombre fue adoptado en 2014, tiene la firme determinación de constituirse legalmente y así dejar de depender de la figura asociativa de SOL, que hasta ahora ha sido un aliado indefectible. Su objetivo es asegurar la autogestión y la sustentabilidad del proyecto a largo plazo sin aislarse del movimiento social. De hecho, una de las condiciones para hacer efectiva su propuesta es mantener un fuerte vínculo con el barrio y seguir ejerciendo presión sobre el gobierno junto con las organizaciones del Movimiento Urbano Popular.

Obstáculos y logros

La cooperativa Guendaliza’a ha hecho lo posible por generar una propuesta que sirva de ejemplo para desarrollar el Programa Comunitario de Producción y Gestión Social del Hábitat (PROGESHA), impulsado desde 2010 por las autoridades capitalinas en concordancia con la Carta de la Ciudad de México por el Derecho a la Ciudad. Resulta entonces increíble que el propio Instituto de Vivienda no asegure la continuidad de éste y otros proyectos, provocando incluso la disolución de la mayoría de los grupos pre-cooperativos. Este fue el caso del proyecto integral que encabezaba un grupo afiliado a la UPREZ en la delegación Azcapotzalco: los solicitantes de vivienda tenían ubicado un predio adecuado, contaban con un proyecto arquitectónico consecuente y habían generado un ahorro de un millón; sólo necesitaban el aval del INVI para obtener un subsidio federal por parte de la Comisión Nacional de Vivienda. Sin embargo, la burocracia del INVI fue incapaz de entender y apoyar la propuesta y el proyecto se vino abajo.

Si Guendaliza’a ha logrado salir adelante, es gracias a su relativa autonomía financiera y al apoyo incondicional de Sociedad Organizada en Lucha, que en varias ocasiones ha prestado su figura legal para sortear las reglas de operación del INVI y avanzar en la construcción de las viviendas. Desde luego, la ausencia de un marco legal referente a las cooperativas de vivienda –en México sólo se reconocen las cooperativas de producción y de consumo– tampoco ha favorecido al proyecto, de tal modo que la voluntad de la gente en hacerse de una escritura colectivamente se ve anulada por la falta de voluntad política del instituto, que a pesar de la buena disposición de algunos funcionarios, insiste en individualizar las escrituras. Claramente, el INVI ha sido incapaz de modificar sus reglas o por lo menos de abrir un campo para la experimentación; se conforma con reproducir los esquemas previstos para la financiación de conjuntos sociales convencionales.

Cabe finalmente mencionar que el trabajo que desempeña la cooperativa en beneficio de la comunidad a través de la construcción del centro comunitario, se ha visto vulnerado por grupos políticos locales. Si bien los vecinos que se han acercado al proyecto saben que Guendaliza’a no realiza ningún tipo de proselitismo, algunos sectores afines al partido que gobierna la delegación desconfían de este nuevo actor social y han buscado desmovilizar a la gente. Es por ello que Guendaliza’a busca mantener su distancia respecto a los partidos políticos y se concentra, en cambio, en regenerar el tejido social desde la cultura y la convivencia.

Valoración

Las y los integrantes de la cooperativa han sabido sortear y discutir los problemas con paciencia y con un optimismo ejemplar. Queda mucho trabajo por hacer, pero Guendaliza’a es sin duda una de las experiencias más alentadoras en materia de Producción Social del Hábitat en la Ciudad de México. En primer lugar, porque el grupo de solicitantes de vivienda demuestra un alto nivel de cohesión, de conocimiento de lo que está en juego y de compromiso por transformar las relaciones de producción y de propiedad vigentes. Además, han sabido entretejer las necesidades financieras con múltiples actividades que favorecen la educación ambiental y cultural de chicos y grandes. Para las y los socios, el experimento también ha tenido un impacto positivo en tanto que se han vuelto más responsables con sus ahorros, más tolerantes, más solidarios.

Festejos del Día de Muertos (2016) en el centro comunitario, construido en beneficio del barrio. Foto: Guendaliza'a

Festejos del Día de Muertos (2016) en el centro comunitario, construido en beneficio del barrio. Foto: Guendaliza’a

Finalmente, su propuesta habitacional da un giro a la política de vivienda social que encabeza el gobierno del Distrito Federal: la rebasa en el sentido que ofrece una forma más colectiva y solidaria de producir y habitar un conjunto de vivienda, pero también en el sentido que integra la dimensión barrial y procura que el proyecto de vivienda genere un impacto positivo a su alrededor.

Para saber más…

Pablo Correa, Guendaliza’a, tenencia social de la tierra en la ciudad, 28 de agosto de 2014, La Coperacha.

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