FUCVAM: matriz del cooperativismo de vivienda por ayuda mutua

Autor: Mesa directiva de FUCVAM.
Ubicación de la experiencia: Uruguay

La Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM) es una organización de segundo grado que acuerpa a más de 600 cooperativas en todo el país, con una fuerte presencia en en la capital pero también a lo largo del río Uruguay, que fue la cuna del movimiento obrero. Desde su fundación en 1970, la Federación ha venido impulsando un modelo de Producción Social del Hábitat específico, basado en la autogestión, la ayuda mutua y la propiedad colectiva. A este modelo se le conoce como Cooperativismo de Vivienda por Ayuda Mutua (CVAM) y ha sido tan exitoso que hoy se exporta a varios países de América Latina.

  • FUCVAM representa a más de 22,000 familias, lo equivalente al 2% de los hogares uruguayos. A finales de 2015, entre las 602 cooperativas afiliadas a la Federación, 408 estaban habitadas (16,937), 80 cooperativas se encontraban en construcción (2,509 viviendas) y 114 en trámite (2,634 viviendas).

Antecedentes

Desde su fundación en 1970, la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua, FUCVAM, ha venido impulsando un modelo de Producción Social del Hábitat que surge al calor del movimiento obrero y que encuentra sus antecedentes en una serie de experiencias piloto lanzadas por el Centro Cooperativista Uruguayo (CCU): la Cooperativa Salteña de Vivienda por Ayuda Mutua, conformada por ferrocarrileros del norte del país, la cooperativa “Éxodo de Artigas” en la capital del departamento de Río Negro, y la cooperativa Isla Mala, conformada por trabajadores del municipio Veinticinco de Mayo en el departamento de Florida. Estas experiencias pioneras tuvieron que recurrir a la figura de cooperativas de consumo ya que aún no existían las de vivienda.

La cercanía de los técnicos del CCU con el arquitecto Juan Pablo Terra, quien era entonces integrante de la Comisión de Vivienda de Diputados, fue un elemento clave para la aprobación en 1968 de la Ley 13.728, la cual significó un gran empuje para el movimiento cooperativista. Además de reconocer esta modalidad específica de cooperativas de vivienda, la Ley introdujo distinciones importantes en la manera de construir y en la forma de satisfacer la necesidad de vivienda de los socios:

  • El proceso constructivo se da por contratación de terceros, por autoconstrucción o por ayuda mutua. En la autoconstrucción el trabajo del socio y su familia se vierte exclusivamente en su vivienda; en la ayuda mutua, en cambio, se entiende que el trabajo se aporta de forma comunitaria para construir los conjuntos habitacionales.
  • La ley distingue las cooperativas de usuarios y las de propietarios. En las primeras la propiedad recae sobre la figura colectiva, mientras que en las segundas la propiedad se individualiza una vez terminada la obra.

Desde sus inicios FUCVAM optó por impulsar la formación de cooperativas de usuarios que construyen sus viviendas por la ayuda mutua, modelo que tuvo que defender durante la dictadura (1973-1985), al tiempo que adquirió un rol político y social determinante. En 1983, ante el desmantelamiento de las centrales sindicales y la persecución de los líderes del movimiento obrero, la Federación asumió la responsabilidad de desafiar abiertamente al régimen, tomando las calles e impulsando una huelga de pagos contra el Banco Hipotecario Federal. Con ello, FUCVAM no sólo consiguió mantener dicha institución financiera al servicio del movimiento cooperativo, también despertó un amplio movimiento popular que acabó por desechar al gobierno militar.

El principal aporte de FUCVAM es haber impulsado una forma de crear hábitat con determinados valores como la solidaridad, el compromiso y la participación ante un sistema que fomenta el individualismo y que nos dice constantemente “hacela tuya”. Desde hace 46 años el cooperativismo de ayuda mutua uruguayo defiende el carácter de usuario de las cooperativas y practica la propiedad colectiva. Esa nuestra base material, es lo que hace que el derecho a la vivienda sea eso, un derecho, y jamás una mercancía. […] La FUCVAM sentó las bases de su desarrollo social durante la larga noche de la dictadura. Además de viviendas, construyó policlínicas, bibliotecas, gimnasios, guarderías. En los ochenta se puso los pantalones largos y en un sólo domingo le petó en el rostro 330 mil firmas a la dictadura, y le dijo “queremos ser usuarios”. A esa FUCVAM es a la que nosotros pertenecemos.

—Discurso de Pablo Caballero, secretario general de FUCVAM, en el 46 aniversario de la Federación el 24 de mayo de 2016.

Por lo anterior, FUCVAM ha sabido mantener sus distancias frente a las instituciones del Estado. Aunque existe una relación fluida con la administración en turno, el movimiento apunta hacia el desarrollo material y organizativo de su base social, las cooperativas, que por su esencia autogestiva mantienen una relación crítica hacia toda forma de autoridad.

Funcionamiento de las cooperativas

Para llevar adelante la construcción de las viviendas, cada cooperativa cuenta con el apoyo de un Instituto de Asistencia Técnica (IAT) que asesora el proceso de conformación, acceso al crédito y edificación (el CCU, Hacer-Desur son algunos de los IAT más cercanos a la Federación). No obstante, la conducción política del proceso reposa en el Consejo Directivo de cada cooperativa, que escoge a los asesores técnicos y contrata a la mano de obra especializada, siendo los propios cooperativistas quienes aportan la mano de obra no calificada: el aporte físico de los socios debe ser por lo menos equivalente al 15% del valor total del proyecto.

En materia financiera, la construcción de las viviendas se lleva adelante a través de un crédito proporcionado por el Banco Hipotecario Uruguayo –en el marco del Plan Nacional de Vivienda, respaldado por la Ley 13.728– y se ejercen diferentes esquemas de subsidio:

  • Subsidio al interés con tasas por debajo del interés de mercado;
  • Subsidio de capital, en cuyo caso un monto del dinero del crédito otorgado no se devuelve;
  • Subsidio a la cuota de amortización, si las familias no pueden abonar la cuota completa (ingreso familiar inferior a 2,000 USD mensuales), el estado le subsidia la diferencia; ésta es la modalidad que emplea el Estado actualmente.

Al final, la cooperativa es la legítima propietaria del bien inmueble, aunque ésta garantiza el uso y goce de los habitantes y su descendencia por medio de un contrato con cada socio. Cada familia define entonces un titular que la representa y, en caso de que el titular no pueda asumir sus tareas y responsabilidades, puede delegar este derecho en cualquier integrante del núcleo familiar que sea mayor de edad.

Por Ley, la cantidad de socios que puede tener una cooperativa varía entre 10 y 50. Su órgano máximo de decisión es la Asamblea en la cual todos participan con voz y voto. Cualquier mayor de edad puede tomar la palabra pero no puede votar si el titular de su núcleo familiar se encuentra presente. El Consejo Directivo, por su parte, es el encargado de llevar a la práctica las decisiones de la Asamblea y de administrar el conjunto de vivienda. Las cooperativas disponen además de una Comisión Fiscal que lleva las cuentas y otra de Desarrollo Social, cuya principal tarea es la formación política de los socios y la activación de procesos que rebasan el ámbito de la vivienda, como la creación de policlínicas, guarderías, escuelas, bibliotecas, o la promoción de actividades deportivas. Por lo general estas comisiones desempeñan sus labores en el salón comunitario, que es el primer espacio que se construye en cada conjunto habitacional.

Mapa 1.

Principios de la federación

Si bien las cooperativas generan su propia identidad, estas experiencias no se desarrollan de manera aislada. FUCVAM posee una Dirección Nacional que integra a los representantes de los diferentes departamentos del país y que es elegida por la Asamblea Nacional de Delegados, órgano máximo de la Federación. Ésta se sostiene económicamente en función del aporte que realizan mensualmente las cooperativas afiliadas, asimismo, se han recibido apoyos de diferentes instituciones de cooperación internacional que respaldan proyectos específicos.

FUCVAM cuenta con una importante infraestructura montada que comprende por un lado su tejido gremial, basado en un agrupamiento por zonales en Montevideo y por departamentales en el interior del país, y además una organización por áreas temáticas, articulada a través del Departamento de Desarrollo Cooperativo. A grandes rasgos, las acciones de la Federación apuntan en dos direcciones: la defensa de los intereses de las cooperativas y los cooperativistas, y la contribución al desarrollo social y cultural del movimiento, dentro del cual ocupa un lugar preponderante el esfuerzo por el mejoramiento, la profundización y la innovación de la autogestión. En este sentido, la FUCVAM funciona como un movimiento social que además de construir vivienda y hábitat, incide y transforma la realidad que vivimos. Su premisa es la siguiente: sin movimiento social fuerte no hay propuesta de vivienda social que subsista a largo plazo.

Las claves del modelo
Fotografías de Gustavo Castagnello / FUCVAM

Ayuda mutua y asistencia técnica

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  • Cada familia da 21 horas de trabajo por semana, lo que reduce costos y crea relaciones solidarias entre futuros vecinos.
  • Todos trabajan en la construcción de todas las viviendas, distribuidas por sorteo al final de la obra.
  • Las tareas se adecúan a las personas según sus habilidades.
  • Cada cooperativa contrata un Instituto de Asistencia Técnica (IAT) que asesora el proyecto arquitectónico y otros aspectos (financiero, jurídico, social y técnico) sin fines de lucro.
  • Es crucial que los institutos técnicos crean en el modelo.

Autogestión y democracia directa

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  • Aunque los Institutos de Asistencia Técnica proveen asesoramiento, es la cooperativa la que asigna los recursos y dirige el proyecto.
  • El proceso constructivo favorece la adquisición de capacidades de dirección, contabilidad y organización.
  • Cada familia tiene un voto en la asamblea a través de su socio titular, el cual puede delegar la representatividad en otro integrante de la familia.
  • Los procesos democráticos existen no sólo al nivel de la cooperativa, son también la espina dorsal de la estructura de la Federación.
Propiedad colectiva

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  • La cooperativa es el único propietario permanente del parque de viviendas y las áreas comunes.
  • La propiedad colectiva da seguridad a las familias y evita la especulación sobre el valor de la vivienda.
  • Si una familia abandona su unidad, recibe el pago por sus horas de trabajo más el monto del préstamo amortizado. La cooperativa reasigna la vivienda a un nuevo socio.
  • El valor de las viviendas se calcula en Unidades Reajustables (UR), una unidad de moneda ficticia creada por la Ley Nacional de Vivienda.
Independencia política

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  • Aunque los miembros de FUCVAM pueden pertenecer a cualquier organización, la federación no puede pertenecer a ningún grupo o partido político.
  • FUCVAM no se alínea a ningún interés ajeno al de las cooperativas.

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De los grandes complejos habitacionales
a la reconquista de las áreas centrales

En medio siglo de existencia las realizaciones de las cooperativas afiliadas a FUCVAM han variado tanto en forma como en escala; se han ido adecuando a las condiciones generales de poblamiento y urbanización, a las corrientes arquitectónicas y a las nuevas técnicas constructivas. Montevideo, más que otras ciudades, ha sido testigo de dichas transformaciones, como lo veremos a partir de los siguientes ejemplos.

Las Mesas

En 1965 se estimaba que en el Uruguay existía un déficit de cien mil viviendas, mientras la construcción, tanto estatal como privada, estaba paralizada por falta de recursos e incentivos. En ese contexto surgieron grandes complejos habitacionales en los que fue necesaria la integración de varias cooperativas. Así surgieron las cinco “Mesas intercooperativas” que, como se muestra en el mapa, fueron ganando terreno sobre las periferias de la capital, todas ubicadas a una distancia promedio de 10 kilómetros al casco histórico de la ciudad (Ciudad Vieja).

El Complejo José Pedro Varela

Recién aprobada la Ley de Vivienda 1968 se creó una cooperativa de técnicos denominada Centro de Asistencia Técnica y Social (CEDAS), la cual realizó numerosos asesoramientos a las cooperativas surgidas del Sindicato Único de la Construcción y Ramas Anexas (SUNCA). En 1971 la Dirección Nacional de Vivienda adjudicó a este sindicato un predio de magnitudes tales que autorizó la proyección de 4 mil viviendas y el desarrollo de un programa urbanístico integral sobre la cuenca del Arroyo del Molino, que carecía de equipamientos y servicios urbanos básicos. Así nació el complejo cooperativo de ayuda mutua más grande del Uruguay. Sin embargo, de las seis “Zonas” propuestas en 1971 sólo pudieron concretarse tres, con características muy diferentes, ya que cada una responde a las demandas y decisiones de los respectivos grupos intercooperativos.

En este caso la escala de intervención justificó la instalación de una planta de prefabricación in situ que fue desmantelada una vez terminadas las obras. El complejo fue diseñado por un equipo de arquitectos liderados por Norberto Cubría, Jorge Di Paula y Walter Kruk.

Tebelpa

Los espacios construidos sólo ocupan 27% del predio, el restante fue destinado a espacios públicos libres, arbolados y equipados para el esparcimiento. Más tarde, cuando todavía nadie hablaba de ecología, se optó por introducir un vivero.

Los espacios construidos en Tebelpa sólo ocupan 27% del predio, el restante fue destinado a espacios públicos libres, arbolados y equipados para el esparcimiento. Foto: Gustavo Castagnello.

Los 200 obreros textiles que construyeron este barrio cooperativo trabajaban en las fábricas de La Teja, Belvedere y Paso Molino; de allí proviene el nombre Tebelpa que aglutina las dos primeras letras de cada sitio fabril. Asesorados por el arquitecto Atilio Farinasso, fundador del IAT “Itacovi”, los cooperativistas decidieron construir las viviendas sin perder la flora del lugar.

Además de implementar un huerto urbano, hoy las nuevas generaciones se han apropiado del área de la bodega para convertirla en galería, se extendieron servicios de biblioteca al barrio; se organizó una pequeña central de abastecimiento cotidiano de comestibles; se implementó una policlínica para beneficio del barrio; se obtuvo éxito en la lucha barrial organizada contra la polución provocada por la cercana fábrica de Portland; hay enseñanza de artesanías, y la cooperativa mantiene contacto permanente con el instituto asesor para canalizar diversas iniciativas, entre ellas el estacionamiento de vehículos, la forestación en algunas zonas que carecen de plantaciones adecuadas y la organización del equipamiento de áreas deportivas.

Los reciclajes en Ciudad Vieja

Para los años ochenta, la tendencia a construir hacia las periferias en búsqueda de suelo asequible llevó a la mayoría de los centros históricos de América Latina al despoblamiento. Al abandono y deterioro de los edificios antiguos, se sumó la crisis en el sector industrial y la creciente precarización de amplios sectores sociales.

En este contexto, de la mano de varios actores interesados en revalorar la Ciudad Vieja en beneficio de sus habitantes, FUCVAM impulsó la formación de cooperativas de antiguos inquilinos y vecinos.

De 1992 a la fecha, se han formado más de veinte cooperativas en esta zona, llevando a cabo procesos de rehabilitación y/o reciclaje sobre fincas adquiridas por la Intendencia Municipal de Montevideo, misma que en 2004 instauró el programa “Ciudad Vieja Renueva”. Con el apoyo de la Comunidad Económica Europea, este programa contribuyó a la formación de mano de obra calificada en restauración, involucrando a muchos de los cooperativistas del área. Cabe mencionar que las cooperativas de la Ciudad Vieja integran una mesa intercooperativa, a su vez perteneciente a FUCVAM, en la cual se discuten las problemáticas específicas del territorio patrimonial.

El regreso de los cooperativistas a las áreas céntricas y la construcción en altura se explica por la necesidad de viabilizar económicamente los proyectos pero también por se entiende que las expansión urbana y los costos ambientales derivados de la movilidad cotidiana de la población son insostenibles en el largo plazo.

Lo que es seguro es que la cultura de la vivienda dúplex, tan arraigada en el sistema cooperativo, ha ido cediendo el paso a la aceptación de conjuntos en altura. El caso más emblemático de este giro es el de la cooperativa La Kolonia cuyo inmueble, finalizado en 2016 con el apoyo técnico del CCU, alcanza hasta 8 niveles. Fuera de este caso excepcional, la tendencia actual es al desarrollo de edificios de departamentos de 3 o 4 niveles, que pueden involucrar hasta 182 viviendas, como el complejo de vivienda Covireus al Sur que alberga desde 2013 a integrantes de los gremios de maestros, del gas, metalúrgicos y de la salud, así como algunos vecinos de la zona.

Covicofu: de la desesperación a la construcción solidaria

Más allá de las variantes arquitectónicas, FUCVAM también se ha ido adaptando a los cambios en la composición socioeconómica de los sectores populares. Si bien las primeras cooperativas de vivienda nacieron en las barriadas obreras y en sus sindicatos, las últimas décadas fueron testigo de cómo se fueron multiplicando las iniciativas de vivienda para trabajadoras y trabajadores del sector informal. Ante la creciente precarización laboral, la Federación se abrió a experiencias tales como la que impulsa la Cooperativa Corazón Fuerte (Covicofu), que surgió en 2002 con el esfuerzo de familias de recicladores y cartoneros que se encontraban bajo la amenaza de ser expulsadas del predio que ocupaban irregularmente.

Cooperativista de Covicofu. Foto: Guillermo Font.

Cooperativistas de Covicofu. Foto: Guillermo Font.

“Hace ya muchos años de esto que les cuento. Era una noche muy lluviosa y golpearon en la puerta de casa. ¿Usted es de FUCVAM? Nos quieren desalojar. Fue la pregunta y la sentencia de aquellos hombres y mujeres, que con desesperación, clamaban por poner freno a la desocupación. Hacía años que allí vivían, eran su mayoría recicladores. Al otro día fuimos a frenar el desalojo con ellos. La Intendencia de Montevideo accedió y hoy se construye la Cooperativa Corazón Fuerte”.

—Testimonio de Gustavo González, ex-secretario general de la Federación.

Hoy Covicofu construye 14 viviendas de la denominada “Franja 1”. En la política habitacional del Uruguay, éstas corresponden a viviendas de 32 m², sin embargo, con el mismo subsidio operado bajo el modelo productivo de FUCVAM, las viviendas de Covicofu alcanzan 60 m².

Después del tornado de abril de 2016 que afectó a la ciudad de Dolores, Covicofu coordinó la fabricación y donación de 15 mil bloques a los damnificados, elaborados con reclusos de la cárcel de Punta de Rieles. Por esta acción y por la determinación de sus socios, Covicofu es acreedora del Premio de Producción Social de Hábitat 2016, que coordina la asociación franco-suiza UrbaMonde.

Algunos desafíos actuales

El desarrollo de la propuesta de FUCVAM ha significado una lucha permanente contra los intentos de negar personería, tierra y préstamos para las cooperativas. Si bien en la actualidad el modelo cuenta con el reconocido del Estado y disponemos de mesas de negociación con el Ministerio de Vivienda y los municipios para debatir los aspectos fundamentales de la problemática de vivienda, sin embargo, aún se padece la falta de acceso al suelo urbanizado por parte de los grupos constituidos; la falta de recursos financieros para la construcción de viviendas; los privilegios acordados al sector privado; la falta de preparación de los profesionales para trabajar con y para la población; la propia participación irregular de muchos compañeros.

En todos estos puntos FUCVAM ha emprendido acciones: promueve mediante la movilización y la negociación, que la vivienda sea política de Estado; impulsa la creación de instrumentos que posibiliten la construcción de vivienda más allá de la voluntad coyuntural de cada administración en la asignación de recursos; desarrolla una importante acción hacia la academia para fortalecer la formación de técnicos con un enfoque social y una comprensión de la propuesta cooperativa. En este camino también hemos aprendido a reconocer nuestros aciertos y errores. De esta mirada crítica hacia adentro, podemos destacar los siguientes desafíos.

Financiamiento:  crédito, tierra y subsidio

El crédito es generalmente prohibitivo para grupos de bajos ingresos. Por ello se creó en 1968 el Fondo Nacional de Vivienda y Urbanización, cuyos préstamos han permitido la financiación de la mayoría de nuestras cooperativas de vivienda. En 1990, en Montevideo, se logra el primer Fondo de tierras para la construcción de vivienda de interés social, precursora del Fondo Nacional de Tierras, que luego de años de reclamos de FUCVAM es aprobado por el gobierno nacional. La lucha de FUCVAM por subsidios para las familias con dificultades de pago se logró en 2008.

Sentido de pertenencia

El proceso de producción colectiva del hábitat a lo largo de cuatro décadas ha afirmado el sentido de pertenencia y la autoestima de los pobladores. Sin embargo, Benjamín Nahoum señala la dificultad de mantener la unidad en el mediano y largo plazo, principalmente cuando interviene la transferencia de derechos y el reemplazo de los socios:

“Cuando se produce una vacante en una Cooperativa ya habitada, quien la llenará –que es elegido por el grupo entre una lista de aspirantes– debe integrar las partes sociales que corresponden al socio que se retira. Esto incluye todas las cuotas pagadas hasta ese momento, más el valor económico de la mano de obra aportada. Si bien la Cooperativa concede financiamiento para realizar este aporte, ese financiamiento no puede ser demasiado prolongado, porque a su vez debe devolverse ese dinero al socio que se va. Esto ha hecho que en general el reemplazante provenga de un estrato social distinto al de los pioneros, dado que debe poseer cierta capacidad de ahorro. Por otro lado, al no haber vivido toda la fecunda etapa de la obra, sus lazos de pertenencia al grupo son mucho más débiles, sobre todo, por una diferencia de percepción: mientras los pioneros sienten que hicieron su vivienda, el nuevo socio percibe más bien que la compró.”

El desafío consiste, por un lado, en conseguir los apoyos del Estado para solventar la incorporación de nuevos socios en función de su necesidad de vivienda y no del tamaño de su billetera y, por otro lado, en fortalecer el ámbito de la educación cooperativa.

Educación cooperativa

El desarrollo del cooperativismo se fundamenta en un trabajo de educación permanente de los asociados. La educación debe comenzar desde que se ingresa al movimiento y no debe cesar nunca, pues aun habitando nuestro barrio y construyendo policlínicas, guarderías y bibliotecas, el sistema imperante permea constantemente nuestro pensamiento. En respuesta, el movimiento debe hacer lo mismo: trabajar permanentemente por la defensa de sus valores de solidaridad y cooperación.

Inaugurada en 2013, la escuela condensa la experiencia acumulada durante varias décadas y sirve para la transmisión de conocimientos y la formación de nuevos grupos cooperativos. Foto: El Solidario, junio de 2015.

Inaugurada en 2013, la Escuela Formación en Cooperativismo ENFORMA condensa la experiencia acumulada por décadas y sirve para la transmisión de conocimientos y la formación de nuevos grupos cooperativos. Foto: El Solidario, junio de 2015.

Por otra parte, se requieren procesos de capacitación para desarrollar muchas de las tareas que la administración de la cooperativa, del préstamo y de la obra requiere, así como tareas de apoyo a la construcción que se desarrollan en el proceso mismo. En este sentido, la Federación cuenta con diferentes espacios de capacitación, como la Escuela de Formación en Cooperativismo que reúne cada año hasta 200 líderes cooperativistas, o la Escuela Latinoamericana de Vivienda Popular impulsada por FUCVAM a nivel regional desde 2009.

Igualdad de género

Desde su origen, FUCVAM persigue el papel igualitario del hombre y la mujer, reafirmando el concepto de equidad de género, puesto que todas y todos tienen los mismos derechos y obligaciones. Tanto hombres como mujeres pueden ser los asociados, representar a su familia y aportar su mano de obra. Sin embargo, Mónica Ramírez, ex-presidenta de la cooperativa Itacumbú y miembro de la comisión de Desarrollo Social de FUCVAM entre 1999 y 2005, apunta lo difícil que ha sido hacer efectiva esta igualdad de género:

“Las estadísticas recogidas en el movimiento indican que hay un número elevado de mujeres, en cooperativas “de la vieja época”, integrando sub-comisiones o bien la Comisión de Fomento. Son pocas las que acceden al Consejo Directivo y éstas, mayoritariamente, desempeñando funciones de secretaría, en un rol más vinculado a la organización administrativa y no tanto a la gestión política del grupo. En cambio, en las cooperativas de conformación más reciente, a pesar de perdurar algunos resabios “machistas”, se comienza a revertir la situación y la elección para los cargos es por aptitud e incluye a las mujeres en pie de igualdad.”

FUCVAM presente en el Día Internacional de la Mujer. Foto: Gustavo Castagnello.

FUCVAM presente en el Día Internacional de la Mujer. Foto: Gustavo Castagnello.

Innovación ambiental

Las cooperativas han sido pioneras en la aplicación de tecnologías nuevas y en uso de materiales innovadores. Al fomentar la autogestión y la participación directa de los interesados, FUCVAM contribuye a poner en valor conceptos que muchas veces son dejados de lado por la producción mercantil, como la sostenibilidad, el uso de recursos locales y la utilización de materiales y formas de energía renovables. Por ejemplo, en la producción de vivienda social de Uruguay, las únicas experiencias recientes que utilizan materiales como tierra o madera, corresponden a programas cooperativos, mientras que en los de la producción mercantil hay una utilización casi exclusiva de cementos, hierro, asbesto-cemento y combustibles fósiles.

El agua como aislante térmico. La cooperativa “Treinta Jóvenes” (Covitjo) limita el uso de combustibles durante el invierno. Foto: Gustavo Castagnello.

Al usar el agua como aislante térmico, la cooperativa de vivienda “Treinta Jóvenes” (Covitjo) limita el uso de combustibles para la calefacción durante el invierno. Foto: Gustavo Castagnello.

Es en los programas cooperativos surgidos por iniciativa de los propios destinatarios, es cada vez más frecuente la utilización de energía solar o eólica, la reutilización de desechos de la propia construcción, como ladrillos, escombros y envases, o la optimización energética gracias al comportamiento de los edificios (orientación, barreras naturales, aislaciones, etc.).

Por otro lado, tratándose de programas en que el mejoramiento de la calidad de vida es un objetivo central, ocupa un lugar importante la ubicación de los conjuntos de viviendas, lo que permite optimizar la utilización de las áreas que ya cuentan con servicios, contribuyendo así a evitar el despilfarro ambiental que significa la extensión desmedida de las urbes.

Vinculación con el entorno

Por lo general los equipamientos urbanos desarrollados por las cooperativas de FUCVAM benefician a la población en su conjunto. El mejor ejemplo de ello son los espacios para la infancia, como el histórico jardín de la Mesa 6, y las escuelas abiertas en el seno de los barrios cooperativos como el José Pedro Varela o, más recientemente, en el barrio “Juana de América” (Mesa 5) de 420 viviendas. En ambos casos las cooperativas cedieron parte de sus terrenos a favor de la educación pública.

Otro ejemplo importante son los salones comunales que distinguen hasta los proyectos más recientes del movimiento cooperativista, y en donde se han generado experiencias contradictorias como bien lo subraya José Tongola:

“Existen casos en que se limita el ingreso, transformando el salón comunal en algo privado del grupo, y otros en que el salón comunal de la cooperativa es el centro del barrio o incluso, en el interior del país, de la ciudad. Un ejemplo notorio de esto último es el de Covinuvi de Durazno: no hay actividad departamental que no se desarrolle en este salón comunal, siendo un punto de referencia de escuelas, liceos, comisiones de fomento y aún de la propia Intendencia Municipal.”

Valoración

El alcance transformador de la propuesta de FUCVAM rebasa el ámbito de las cooperativas y se expresa en distintos niveles de la sociedad uruguaya, desde el urbanismo hasta la vida política nacional.

En lo urbano, si bien nuestra Federación se articuló inicialmente en torno a la demanda de vivienda, el proceso apunta hacia la generación de espacios habitables en todos los sentidos. Los barrios que hemos construido integran espacios verdes y recreativos, salones comunales, escuelas, bibliotecas, guarderías y espacios deportivos. Más aún, hemos provisto servicios de infraestructura y saneamiento en zonas que antes no contaban con estos atributos, beneficiando a las mismas cooperativas pero también a los barrios circundantes. Asimismo, hemos impulsado la rehabilitación de importantes vestigios arquitectónicos que de otro modo hubieran desaparecido, conservando la Ciudad Vieja en beneficio de sus habitantes originarios y, mediante la propiedad colectiva, disminuyendo el campo para la gentrificación de nuestros sitios históricos.

En lo económico, más allá de la vivienda, hemos impulsado diversas cooperativas de consumo, producción y crédito, entre otras iniciativas que estimulan la economía local y desafían las “reglas del mercado”. Y no es casual que los valores de solidaridad y colaboración que enarbola FUCVAM se opongan al modelo de sociedad imperante: nuestra declaración de principios afirma que estamos en contra del capitalismo salvaje y en contra de la apropiación por unos pocos de la riqueza generada por el conjunto de la sociedad. Esto habla del carácter transformador de la propuesta llevada adelante por los trabajadores uruguayos desde los años sesenta.

Por su trayectoria, FUCVAM constituye un referente que apunta hacia nuevas formas de organización para la incidencia y participación en la vida política del país. Fundamentalmente, la autogestión ha implicado todo un proceso colectivo basado en la democracia directa, esto es, la discusión y deliberación de todos los aspectos que afectan al grupo o a la Federación por medio de asambleas. Además de afirmar el sentido de pertenencia y la autoestima de los socios, FUCVAM ha contribuido a que el país cuente con un amplio movimiento democrático capaz de incidir en el diseño de instrumentos públicos como la Cartera de Tierras creada por la municipalidad de Montevideo en 1990, o la que hoy implementa el Ministerio de Vivienda; se ha logrado modificar la deuda ilegítima que reclamaba el Estado a las primeras cooperativas; se ha conseguido el reconocimiento de las cooperativas como una forma válida para el acceso a la vivienda y la construcción de ciudadanía. En suma, FUCVAM se ha convertido en una expresión tangible del poder popular.

En cuanto a la compartición de nuestra experiencia, FUCVAM realiza campañas de difusión de su propuesta, lo que le ha generado mayor visibilidad y atracción de familias que necesitan viviendas. Posee además una página web y un órgano de prensa interno, El Solidario, como medios de comunicación con sus asociados.

A partir de los años noventa, con apoyo del Centro Cooperativo Sueco, hoy We Effect, el modelo se ha transferido a los países de América: Brasil, Paraguay, Bolivia, Argentina, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Guatemala, Nicaragua, Haití. Se encuentra en vías de instalación en Perú, Chile, Ecuador y México. Creemos que el proceso de organización de la sociedad civil en territorios principalmente urbanos arrancados al mercado inmobiliario, es el aporte fundamental de FUCVAM y ha sido nuestra preocupación llevarlos a otros países.

Para saber más…

  • GONZÁLEZ Gustavo, Una historia de FUCVAM, Montevideo: Trilce, 2013 (en línea)
  • MACHADO Gustavo. “La experiencia de las cooperativas de vivienda en Uruguay. Necesidades, organización e imaginación”. Vivienda Popular 28 (2016): 32–39.
  • NAHOUM Benjamín, Algunas claves: reflexiones sobre aspectos esenciales de la vivienda cooperativa por ayuda mutua. Montevideo: Ediciones Trilce, 2013. (en línea).
  • PÉREZ MOREIRA Diego Nicolás, Relacional: Notas para una posible definición crítica del paisaje cooperativo. El caso de las Mesas, documento de trabajo, 2012 (en línea)
  • RAMÍREZ Mónica, “Un corte en la visión. Las cuestiones de edad y género en las cooperativas de ayuda mutua”, en B. Nahoum (comp.), Una historia con quince mil protagonistas. Las Cooperativas de vivienda por ayuda mutua uruguayas. Montevideo: Intendencia Municipal de Montevideo; Junta de Andalucía; Agencia Española de Cooperación, 2008 (en línea: primera y segunda edición).
  • TOGNOLA José, “La relación cooperativa-medio. La cooperativa después de la vivienda”, B. Nahoum (comp.), Una historia con quince mil protagonistas. Las Cooperativas de vivienda por ayuda mutua uruguayas. Montevideo: Intendencia Municipal de Montevideo; Junta de Andalucía; Agencia Española de Cooperación, 2008 (en línea: primera y segunda edición).

Recomendamos consultar la Revista Dinámica Cooperativa del CCU, disponible en línea, así como el siguiente video elaborado por el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA):

Contacto:
Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua
Dirección: Víctor Haédo 2219, Montevido, Uruguay
Página web: http://www.fucvam.org.uy
Persona contacto: Pablo Caballero (secretario general) y Alejandro Muñiz (responsable de comunicación)
Teléfono: 598 2408 4298 / Correo electrónico: secretariadireccion@fucvam.org.uy

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