Barrios y cultura del agua

Organizaciones promotoras: Taller de Proyectos e Investigación del Hábitat Urbano y Rural RED HÁBITAT / Comité Impulsor de Saneamiento Ambiental y Cultura del Agua, CISACA / con el apoyo financiero del Servicio Latinoamericano, Africano y Asiático de Vivienda Popular, SELAVIP
Ubicación: Barrio Solidaridad, El Alto
País: Bolivia

Autor: Anelise Meléndez, Red Hábitat. Foto de portada: Habitat en Mouvement.

Resumen: Impulsada por RED HÁBITAT en el marco del proyecto Barrios y Cultural del Agua, esta experiencia transforma las condiciones de vida y de saneamiento del barrio Solidaridad, beneficiando de manera directa a 139 personas. El proyecto de aprovechamiento de de agua de lluvias fue liderado por mujeres que buscan su empoderamiento por medio de tecnologías alternativas de adaptación al cambio climático. La metodología tomó en cuenta procesos de identificación de problemas, fortalecimiento organizativo, co-construcción de saberes, diseño participativo, comunicación popular, asistencia técnica, intercambio de experiencias y ayuda mutua.

Antecedentes, contexto y Actores

El Taller de Proyectos e Investigación del Hábitat Urbano y Rural RED HÁBITAT es una asociación privada sin fines de lucro, fundada en 1991, con sede en la ciudad de El Alto, Bolivia. La Red inició sus actividadescon el Proyecto de Mejoramiento de la Vivienda (1993-2000) que consistió en otorgar pequeños préstamos a familias de bajos ingresos para ampliar las viviendas, instalar servicios básicos, regularizar el derecho propietario, legalizar las construcciones y/o apoyar la compra de lotes. Además de aportar asistencia técnica y legal, se impulsó la creación de un Banco de materiales y una Ferretería popular.

De 1996 a la fecha, la Red ha venido implementando una serie de programas de planificación urbana participativa, gestión de riesgos, desarrollo económico, vivienda y gestión ambiental, el cual incluye el proyecto “Barrios y Cultura del Agua”. Es en el marco de este proyecto, lanzado en 2012, que la RED HÁBITAT desarrolló un proceso de prospección-diagnóstico de barrios potenciales para el trabajo con tecnologías alternativas para mitigar los efectos del cambio climático.

El barrio Solidaridad, de los más vulnerables ante el cambio climático

El barrio elegido para implementar el proyecto “Barrios y Cultura del Agua” fue fundado hace menos de dos décadas en la periferia del distrito 5 del municipio de El Alto, en las faldas del nevado Huayna Potosí, el cual se encuentra en proceso de deshielo debido al calentamiento global. Hoy lo habitan cerca de 1 500 personas distribuidas en 26 manzanas, en viviendas unifamiliares de una o dos habitaciones multifuncionales que fueron construidas por la propia gente. Estas viviendas son principalmente de adobe, tienen plancha de zinc en la cubierta y pisos de tierra; la mayoría cuenta desde 2007 con un grifo de agua potable en el patio y energía eléctrica, servicios que se obtuvieron gracias la presión ejercida por la junta vecinal ante las autoridades. Por medio de la presión social también se logró el emplazamiento de las matrices del alcantarillado sanitario… pero el drenaje nunca llegó.

A pesar de encontrarse cerca el canal abierto que conduce la aguas de la represa Milluni hacia la planta de tratamiento de agua de la ciudad, el barrio Solidaridad sufre la escasez del vital líquido y, paradójicamente, las viviendas tienen problemas de filtración ligados a la cercanía de humedales. Desafortunadamente, la exigencia de mayores dotaciones de agua y de mejoramiento de la red de drenaje nunca ha sido bien recibida por el gobierno local, rebasado desde hace tiempo por la demanda que ejerce el millón de habitantes de El Alto. Por si fuera poco, con el deshielo de los glaciares, sólo se espera mayor escasez en un futuro cercano.

El Kantutani, foco de infección. La gente tiraba basura y realizaba sus necesidades en el río (Foto: Red Hábitat)

Kantutani, foco de infección. La gente tiraba basura y realizaba sus necesidades en el río (Foto: Red Hábitat)

Entre febrero de 2013 y septiembre 2014, a iniciativa de las mujeres que participaron en la Escuela-Taller de la RED HÁBITAT sobre Gestión democrática del hábitat y elaboración de proyectos, se realizó un diagnóstico casa por casa para identificar las necesidades en materia de saneamiento y acceso al agua. Así se hizo patente que la falta de sanitarios orillaba a la población a realizar sus necesidades fisiológicas en lugares inapropiados como el río Kantutani y lotes baldíos, poniendo en riesgo su integridad, especialmente en las noches. Además, se evidenció que esta situación propiciaba el desarrollo de enfermedades diarreicas agudas e infecciones respiratorias.

CISACA: aglutinador de sueños

Ante esta realidad, se conformó el Comité Impulsor de Agua y Saneamiento Ambiental (CISACA), organización funcional al proyecto impulsado por 30 mujeres, con el apoyo de la RED HÁBITAT. En seguida se dio inicio a una campaña de motivación mediante bocinas barriales, invitación puerta a puerta, aprovechando espacios en las asambleas del barrio para invitar al curso extensivo de veinte días de la Escuela Taller. Producto del curso se lograron concretar dos propuestas −una de barrio y la otra de vivienda− de las cuales se priorizó la segunda, consistente en la autoconstrucción del sistema de cosecha de agua de lluvia y su aprovechamiento para la lavandería. A ello se sumó como una oportunidad para el apalancamiento de recursos la convocatoria  2013–2014 del Servicio Latinoamericano, Africano y Asiático para la Vivienda Social (SELAVIP). Ante esta fundación, se presentó el proyecto cuyo objetivo, alcanzado en 2015, sería contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida y de saneamiento de 30 familias del barrio Solidaridad a través de un proceso de fortalecimiento de sus capacidades adaptativas que incluía la construcción de baños y lavanderías adecuados para el aprovechamiento del agua de lluvia.

Las familias de las 30 mujeres que conforman el CISACA están compuestas regularmente por cinco miembros, sumando 139 personas (72 varones y 67 mujeres), de las cuales 48 son menores de diez años, 37 son púberes y adolescentes, 48 adultos y 6 ancianos. Además de los beneficios sanitarios del proyecto, todas estas personas y otros vecinos pudieron participar en los espacios de aprendizaje sobre saneamiento, cultura del agua y cambio climático. A su vez, quedó instalada una comisión impulsora de saneamiento ambiental y cultura del agua para lograr procesos de incidencia para el mejoramiento del barrio y sensibilizar a la población.

El papel de RED HÁBITAT

En la primera fase, RED HÁBITAT implementó técnicas de investigación participativa, en colectivo y familia por familia, para la elaboración de diagnósticos urbanos rápidos que permitieron determinar los problemas y posibles soluciones en materia de riesgos y cultura del agua. Además de identificar problemas de humedecimientos en las viviendas, derroche del agua y saneamiento ambiental, se comenzaron de delinear medidas para el fortalecimiento organizacional y de conocimientos. En este periodo se realizaron algunas prácticas en la construcción de filtros sedimentadores para el uso de agua de lluvia o para la reutilización de aguas grises.

El empoderamiento de las mujeres se dio a lo largo de talleres informativos, jornadas de trabajo y visitas casa por casa, apelando en cada momento al autoestima  y liderazgo de las participantes. Una vez conformado el CISACA, la Red propuso actividades de fortalecimiento a la directiva en cuanto a roles, funciones, manejo y entrega de materiales, elaboración de informes narrativos y económicos, los cuales se constituyeron en instrumentos para transparentar el manejo de los recursos económicos.

En la etapa constructiva la asistencia técnica se dio a nivel individual, familiar y grupal. Por tratarse de módulos sanitarios y sistemas de cosecha de agua de lluvia autoconstruidos, se realizó un acompañamiento desde el replanteo y trazado de la obra gruesa hasta las instalaciones hidrosanitarias, sistema de cosecha de agua de lluvia y acabados finales. En cada hogar las mujeres lideraron el trabajo familiar.

Finalmente, gracias a la claridad sobre el mapa de actores, discutido y generado en talleres, se logró incidir en  los siguientes procesos:

  • Reuniones, entrevistas, visitas y asambleas con diversas autoridades e instancias (EPSAS, EMAGUA, MMAyA y SENASBA) que culminaron con la ejecución, por parte del CISACA, de un colector principal para la urbanización Solidaridad, así como la ampliación del alcantarillado de la urbanización Atalaya, todo por un  monto de 945.338,07 Bs. (aporte TGN 20%, GAMEA-EPSAS 10% y 70% Agencia Sueca para el desarrollo internacional). De este modo, entre agosto de 2014 y mayo de 2015, se mejoró el saneamiento básico y la calidad de vida de dos barrios de nuestra área de intervención.
  • Red Hábitat y CISACA ganaron el concurso de proyectos 2013-2014 del SELAVIP (uno de los dos proyectos ganadores en Bolivia) con  un  apalancamiento de 23 mil dólares, siendo en aporte de contraparte de Red Hábitat la suma de 6 mil 500 dólares y del CISACA 26 mil dólares, consistente en mano de obra y material local.
El colector principal de Solidaridad, producto de la lucha de CISACA (Foto: Habitat en Mouvement)

El colector principal de Solidaridad, producto de la lucha de CISACA (Foto: Habitat en Mouvement)

Aspectos estratégicos

Mujer gestora del  cambio

Los talleres de arranque se caracterizaron por tener mayor participación de varones y de la junta vecinal, cuyo interés era la generación de proyectos de infraestructura vecinal como canchas, sede vecinal o un parque. Sin embargo, se promovieron acciones relativas a la gestión integral del agua, hacia las cuales las mujeres mostraron  mayor interés y su asistencia  fue continua. El  Comité Impulsor de Saneamiento Ambiental y Cultura del Agua logró entonces constituirse en un espacio de debate que ayudó a generar confianza entre las mujeres participantes, que rara vez eran tomadas en cuenta a la hora de tomar decisiones para el mejoramiento del barrio. En general, las cuestiones de orden público eran tomadas por los dueños de casa, en su mayoría varones. Par lograr la participación protagónica de las mujeres, las técnicas e instrumentos participativos (mapas parlantes, visitas y recorridos) fueron de suma importancia puesto que permitieron cohesionar a las mujeres e identificar  liderazgos por grupos de participantes.

Organización comunitaria y distinción de roles

El proceso de fortalecimiento del Comité Impulsor de Agua y Saneamiento Ambiental se fue dando desde la recepción de los recursos, la entrega de materiales y sobre todo al momento de rendir un informe. Para tal efecto se estableció una estructura orgánica y legítima de las mujeres, entre las cuales se asignó a la presidenta, la vicepresidenta y a la secretaria de hacienda y actas.

El aptapi de conocimientos es un espacio de intercambio organizado por las mismas mujeres.

Jornada de intercambio organizada por las mujeres (Foto: Red Hábitat).

Por otra parte, se eligieron dos responsables por cada grupo de diez mujeres. Estas parejas se encargaron de realizar visitas continuas a las familias involucradas par dar seguimiento a las actividades de construcción pero también para analizar las relaciones familiares, las condiciones de saneamiento de las viviendas. Más ampliamente, esta labor interna de supervisión contribuyó a generar espacios de reflexión en cuanto al rol como mujeres, sus decisiones, lograr empatía, cohesión y desarrollar acciones de ayuda mutua entre las destinatarias.

La definición de roles y las funciones de la directiva CISACA se establecieron en consenso con las bases y se constituyó de esta forma la asamblea general como instancia máxima de planteamiento de problemas-observaciones y de toma de decisiones para todas las miembros de la organización. Desde esta instancia se realizaron decenas de reuniones ordinarias y extraordinarias que propiciaron el debate interno sobre la conducción del proyecto.

La revalorización de conocimientos y prácticas en la vivienda

La cosecha de agua de lluvia es una práctica arraigada en personas de mayor edad y en las familias migrantes del área rural que, habiendo sufrido la escasez, entendían la importancia de su aprovechamiento masivo en épocas de lluvia. En las ciudades, en cambio, la cosecha de agua se interpreta como atraso, postergación y pobreza, y comúnmente la realizan las mujeres encargadas de las labores de uso en la vivienda.

Por tal motivo el proceso enseñanza-aprendizaje priorizó la revalorización de estas prácticas (que a menudo se reducían al almacenamiento en turriles del agua acumulada en el techo) y su adaptación a un sistema de cosecha de agua de lluvia para el uso en los artefactos sanitarios (inodoro, lavamanos y lavandería), mediante la área de captación (techos de calamina), conducción del agua (canaletas y bajantes), sedimentación (filtros de sedimentación de fácil construcción) y almacenamiento en tanques de 450 litros con doble entrada (agua de lluvia y potable).

Diseño de baño con cosecha de agua de lluvia y aprovechamiento sanitarios y lavandería (Red Hábitat)

Diseño de baño con cosecha de agua de lluvia y aprovechamiento sanitarios y lavandería (Red Hábitat)

Para facilitar la apropiación y el mantenimiento de esta tecnología, se implementó un aptapi de conocimientos en limpieza, operación, mantenimiento con toda la familia.

Algunos obstáculos y dificultades

El proceso enfrentó cierta resistencia al liderazgo de las mujeres. Los hombres del entorno familiar, que tradicionalmente eran los que impulsaban la construcción o mejoras de las vivienda, llegaron a cuestionar la participación de las mujeres e incluso se generaron conflictos familiares que fueron superados a partir de reuniones y talleres.

Por otra parte, si bien en un inicio se generó el sentido  de pertenencia a la organización, además de establecer roles, funciones, formas de trabajo y sanciones en cuanto al incumplimiento de asistencias, la implementación de esas normas acordadas generó  conflictos internos, malos entendidos y la constante observación de unos hacia los otros, considerando que ante cualquier falta debía aplicarse sanciones y cumplirlas inmediatamente. Afortunadamente, a medida que el grupo fue adquiriendo mayor madurez, las reglas fueron asumidas y aquellas que se consideraban muy drásticas fueron cambiadas.

La incorporación de una tecnología que rescata los saberes ancestrales requiere de mucha concientización. Al principio la gente asumía que se trataba de un proyecto de construcción de baños pero gracias a la etapa de socialización y diseño participativo, las y los participantes asumieron que la esencia del proyecto es la gestión del agua y el aprovechamiento de las lluvias para el uso de los artefactos sanitarios.

Finalmente, debido a los bajos ingresos de las familias, fue difícil sostener un avance fluido y parejo en el proceso de ejecución. Pese a las limitaciones, las familias en su conjunto aunaron esfuerzos para lograr la instalación de todos los módulos sanitarios y su correspondiente sistema de cosecha de agua de lluvia. En algunos casos, las familias emprendieron el mejoramiento de sus viviendas a cuenta personal.

Valoraciones del proyecto

Una de la contradicciones recurrentes en los asentamientos donde la vivienda ha sido autoproducida sin asistencia técnica, es el humedecimiento de las paredes y la acumulación de agua de la lluvia que, ante la inexistencia de sistemas de drenaje en las viviendas y en las calles, el preciado recurso se convierte en un problema. El proyecto ha permitido superar esta contradicción resolviendo al mismo tiempo los problemas de escasez que se vive en tiempos de sequía: la cosecha de agua permite realizar el almacenamiento de 450 litros en cada periodo de lluvia, generando un ahorro en la economía familiar sin afectar sus requerimientos  en materia de higiene y preparación de alimentos.

La casa de Silvia cuenta con cosina y un dormitorio que comparte con su marido y sus dos hijos. Reemplazaron el pozo ciego por un sistema sanitario. (Fotos: Red Hábitat)

La casa de Silvia: cocina y dormitorio que comparte con su marido y sus dos hijos. Remplazó el pozo ciego por un sistema sanitario. (Fotos: Red Hábitat)

La introducción de una “cultura del agua”, por otra parte, ha permitido valorar ciertas prácticas que eran consideradas como un signo de pobreza y marginación, cuando en realidad los pozos sépticos, ampliamente utilizados en los barrios periféricos, constituyen focos de infección para las familias al encontrarse en la vivienda y sin tener ningún tipo de mantenimiento. Además de afectar con aguas negras a los vecinos colindantes, también contaminan las aguas subterráneas y el medio ambiente. Los módulos sanitarios en cambio, una vez conectados a la red de drenaje gracias al esfuerzo combinado del Comité y RED HÁBITAT, representan un enorme avance en materia de salud pública.

La casa de Modesto no contaba con baño, ahora dispone de espacio de lavandería y sanitario (Fotos: Red Hábitat)

La casa de Modesto no contaba con baño, ahora dispone de espacio de lavandería y sanitario (Fotos: Red Hábitat)

En este sentido, los talleres contribuyeron a la generación de acciones y campañas para  no botar los residuos en el río Kantutani, cada vez más identificado como un lugar de recreación y no como un lugar de contaminación. Hoy, por iniciativa propia, un grupo de jóvenes hijos de los miembros del CISACA realizan acciones de protección al medio ambiente en el sector.

El proyecto tuvo desde luego un impacto mayúsculo en lo que se refiere a desarrollo familiar. En los diversos momentos de encuentro, se compartieron sentimientos, creencias y actitudes en relación a la cultura del agua y, al entrar en la etapa constructiva, las beneficiarias involucraron a sus familias, debiendo explicar porqué se desarrollaría el trabajo. Esta etapa permitió descubrir el tipo de relacionamiento y comunicación en la familia.

En definitiva, la ejecución del proyecto permitió develar la existencia de violencia intrafamiliar, que fueron abordados en coordinación con la CISACA, para facilitar la participación de las mujeres en el desarrollo de actividades tales como talleres de capacitación en derechos humanos, económicos, sociales y culturales, buscando en todo momento dotar a las compañeras de autoestima y liderazgo para lograr un mayor empoderamiento de las mujeres. De todo este proceso −que no estaba previsto en el proyecto− se conformó un grupo de mujeres que se reúnen periódicamente y establecen temas de debate o de información para alcanzar su empoderamiento. Asimismo el grado de cohesión del Comité hizo posible, según las y los miembros, por primera vez trabajar como grupo y apoyarse tanto en el trabajo o para superar problemas de orden personal.

Además de fortalecer lazos de cohesión, empatía y valores de solidaridad entre ellas y darse apoyo moral e incluso material, las visitas entre participantes del proyecto propició la difusión de buenas prácticas e incluso motivaron nuevos horizontes para el mejoramiento de las viviendas. A raíz de los intercambios, algunas familias emprendieron trabajos de impermeabilización de paredes y pisos en las habitaciones, quedando pendiente la separación de las cocinas que a menudo se encuentran dentro de los dormitorios o salas de estar. En todo caso, las herramientas técnicas adquiridas han favorecido que las familias promuevan iniciativas de mejoramiento en su vivienda por la vía de la autoconstrucción. Asimismo, los módulos sanitarios y sus sistemas de cosecha de agua de lluvia han motivado la curiosidad de vecinas y vecinos, algunos de los cuales han recurrido a los aprendizajes de las compañeras para mejorar sus propias viviendas. Tomando en cuenta el interés de los barrios aledaños se podría ampliar el proyecto, pero implicaría el pago a técnicos para la dedicación y movilización adecuada al trabajo.

Por tratarse de la primera experiencia en su tipo realizada en El Alto, el proyecto “Barrios y Cultura del Agua” se ha convertido en una referencia para los medios de comunicación a nivel local y nacional, repercutiendo hasta ahora con visitas al barrio donde el Comité Impulsor de Agua y Saneamiento Ambiental se encarga de la recepción con un aptapi de conocimientos y su correspondiente visita a una de las viviendas seleccionadas.

CISACA promueve su experiencia en ferias como la del Día Mundial del Agua (Foto: Red Hábitat)

CISACA promueve su experiencia en ferias como la del Día Mundial del Agua (Foto: Red Hábitat)

En suma, la experiencia realizada en barrio Solidaridad constituye un antecedente de uso racional y aprovechamiento del agua de lluvia que debería ser tomado como ejemplo práctico para otros emprendimientos destinados a enfrentar los efectos del cambio climático. Creemos que debería incluso incorporarse como un antecedente para la Política del Uso eficiente del agua promovida por el Ministerio de Medio Ambiente y Agua desde 2013, pero que hasta la fecha no cuenta con ningún resultado ni se han socializado los proyectos ejecutados en este ámbito. Más aún, esta experiencia podría servir para el desarrollo de proyectos de agricultura urbana con el uso eficiente y racional del agua. En las áreas periurbanas, los asentamientos se caracterizan por la incorporación de huertos familiares pequeños en sus viviendas, a ello se sumaría la reutilización de agua grises para el regadío del área de cultivo.

Para saber más…

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