Memoria del encuentro en México

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3, 4 y 5 de septiembre de 2015, Ciudad de México. El encuentro fue coordinado por la Oficina para América Latina de la Coalición Internacional para el Hábitat (HIC-AL). Participaron movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil, miembros y no miembros de HIC que participan en la documentación de sus experiencias de producción y gestión social del hábitat (PSH), provenientes de 10 países de la región (Argentina, Bolivia, Costa Rica, Chile, El Salvador, Honduras, México, Perú, Uruguay y Venezuela) con el fin de construir una agenda común.

Asistieron: Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo, DESCO (Perú), Centro Operacional de Vivienda y Poblamiento, COPEVI (México), Comunidad María Auxiliadora (representada por Red Hábitat, Bolivia), Cooperación Comunitaria (México), Guendaliza’a (México), Coordinadora Centroamericana Autogestionaria de la Vivienda Solidaria (COCEAVIS), Cosechando Juntos lo Sembrado (México), Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua, FUCVAM (Uruguay), Fundación Salvadoreña de Desarrollo y Vivienda Mínima, FUNDASAL (El Salvador), Movimiento Urbano Popular de la Convención Nacional Democrática, MUPCND (México), Red Hábitat (Bolivia), Red Hábitat Popular (Chile), Campamento de Pioneros Kaika Shi (Venezuela), Pobladores (México), Somos Ecuador (Ecuador), Unión de Cooperativas Tosepan (México), Vecinos Sin Techo (Argentina), Fundación Promotora de la Vivienda, FUPROVI (Costa Rica), We Effect (programa de vivienda para América Latina).

Estas organizaciones buscan la transformación social, muchas de ellas basadas en la autogestión, la propiedad colectiva y la ayuda mutua, con enfoque de derechos humanos y defensa del territorio. Cada una ha venido documentando casos de producción social del hábitat siguiendo una propuesta surgida durante la reunión paralela al VII Foro Urbano Mundial que se realizó en abril de 2014 en Medellín, Colombia. En general, este encuentro permitió actualizar la información relativa a la agenda internacional rumbo a Hábitat III, fortalecer las alianzas entre organizaciones y movimientos de la sociedad civil, redefinir los criterios del ejercicio de documentación, generar nuevos acuerdos de trabajo y consolidar una estrategia conjunta de incidencia a nivel regional. Las propuestas concretas de trabajo y seguimiento son las siguientes:

  1. Consolidar un comité editorial que permita avanzar con el proceso de documentación, que contribuya a identificar nuevos casos y que en su momento integre una comisión de comunicación para hacer visibles estas experiencias. Esta comisión desarrollará una estrategia de comunicación considerando la capacidad instalada de las organizaciones.
  2. Formar una comisión de incidencia que coordine actividades en el mes de agosto de 2016, declarado por nosotr@s «mes de la lucha por la producción social del hábitat». Los resultados de la sistematización serán presentados durante este mes en todos los países de América Latina, mediante actividades movilizadoras impulsadas por los Comités Populares rumbo a Hábitat III.
  3. Desarrollar mecanismos de intercambio y formación entre los propios movimientos aprovechando la infraestructura de las organizaciones en cada país y retomando las plataformas pedagógicas existentes (escuelas cooperativas de Suramérica y Centroamérica, por ejemplo).

En todas estas áreas, el trabajo en línea será preponderante, por lo que se propone fortalecer las capacidades de los miembros del grupo en el manejo de tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Las presentaciones

Durante el primer día cada organización presentó su experiencia enfatizando los aspectos transformadores de la misma. Las ponencias se dividieron en grandes bloques temáticos, comenzando por aquellas que abordan la PSH desde una perspectiva de fortalecimiento de la economía popular.

Primero, Alfonso Castillo presentó el caso de Cosechando Juntos lo Sembrado, una cooperativa de ahorro y préstamo que atiende a unos 23 mil socios en 5 municipios y 72 comunidades del estado de Querétaro, México. Además de consolidar la autonomía financiera de dichas comunidades rurales –que ahora emprenden el mejoramiento y construcción de viviendas–, la cooperativa avanza en la concientización, educación, capacitación, participación y la transformación de su territorio.

Enseguida tocó el turno de Ramiro García, quien expuso una propuesta de mejora de las condiciones de habitabilidad de familias vulnerables de Villa El Salvador y Villa María del Triunfo, en Lima, Perú. El director del programa urbano de DESCO enfatizó el rol de las mujeres jefas de familia y la importancia de esta experiencia para enfrentar los efectos del cambio climático.

Por su parte, Yesenia Morales describió el origen y la acción de FUPROVI, una desarrolladora con 28 años de experiencia en Costa Rica y una producción total de 25 mil viviendas. La organización ha hecho suyo el enfoque de la PSH, ofrece viviendas adecuadas a familias de escasos recursos y promueve el desarrollo de comunidades y barrios. A diferencia de otras desarrolladoras, FUPROVI busca incidir en políticas públicas para crear condiciones más equitativas de acceso al suelo y la vivienda.

El bloque siguiente, dedicado al cooperativismo de vivienda, inició con la participación del secretario general de FUCVAM, la organización más antigua en la región. Pablo Caballero expuso la historia de esta federación que hoy acuerpa a 550 cooperativas, puntualizó la importancia de contar desde 1968 con un marco legal favorable, en particular la Ley Nacional de Vivienda, y recalcó los principios centrales del movimiento que encabeza: solidaridad, autogestión, democracia directa y sobre todo, propiedad colectiva, que es lo que «le pega en el hígado al capitalismo».

Siguió el turno de Adriana Rojas y Amada Martínez, quienes impulsan el cooperativismo de vivienda por ayuda mutua en Costa Rica y Honduras, respectivamente. Ellas presentaron un esfuerzo organizativo que acuerpa a más de 60 grupos cooperativos en Centroamérica, los cuales persiguen y adaptan el modelo de FUCVAM a los diferentes contextos nacionales. Hasta ahora, la COCEAVIS es la única experiencia transfronteriza que participa en el grupo.

En menor escala, pero no menos significativa, se desempaña la Red Hábitat Popular Chile que acuerpa cuatro grupos cooperativos de Santiago y Valparaíso. Nahuel Quiroga, de la Población Obrera La Unión, hizo hincapié en las dificultades que enfrentan los productores sociales del hábitat en un país dominado por el modelo neoliberal. La Red encuentra sustento ideológico en otros espacios regionales como la Secretaría Latinoamericana de la Vivienda Popular (SELVIP), aunque también rescata la esencia del cooperativismo chileno que (casi) arrasó la dictadura.

Finalmente, la cooperativa Guendaliza’a tuvo la oportunidad de presentar su experiencia. Zabad Ramírez señaló que aunque el proyecto sólo involucra a 48 familias, su propuesta abre el camino institucional y financiero a decenas de grupos del Movimiento Urbano Popular y otros que vienen detrás.

El tercer bloque consistió en experiencias diversas. Primero, Julio Caledonio de FUNDASAL expuso las grandes líneas de actuación que ha venido desarrollando la ONG salvadoreña en sus 47 años de vida. Enfatizó que la producción de vivienda y los ejercicios de mejoramiento barrial se han orientado a «fomentar las capacidades de la gente para que ésta genere sus propias formas de lucha». Por ello FUNDASAL apoya desde experiencias de agricultura urbana hasta procesos de organización en cooperativas, siendo también uno de los cuerpos técnicos de la COCEAVIS.

La experiencia cochabambina de la comunidad María Auxiliadora fue presentada por Anelise Meléndez que amablemente portó la voz de Rose Mary Irusta, la cual no consiguió salir de su país para asistir al encuentro. Desde luego se suscitaron más preguntas que respuestas en torno al caso, tanto por los logros que ha tenido en esta experiencia que apunta hacia la propiedad colectiva como por las complicaciones ligadas al surgimiento de especuladores internos.

Por su parte, Esteban Torres de la fundación Somos Ecuador presentó una experiencia de acompañamiento integral para la PSH realizada en articulación con diversos actores sociales en la parroquia de Calderón, Quito. A partir del ejemplo del conjunto habitacional El Bambú, el cual forma parte del programa Paso a Paso, Esteban reparó en la capacidad de los propios habitantes para mejorar progresivamente sus viviendas.

Sin duda una de la exposiciones más enérgicas fue la de “Mariela”, como se le conoce en el Movimiento de Pobladores y en Pioneros de Venezuela. Además de contarnos la experiencia de estos movimientos de masas, Mariela aterrizó su discurso a partir del caso de Kaika Shi, un complejo de vivienda que ha servido de ejemplo para 11 campamentos que hoy emprenden procesos de autoproducción de vivienda.

Posteriormente Anelise Meléndez de la Red Hábitat Bolivia, presentó el proyecto «Saberes acerca del uso del agua»: una experiencia liderada por mujeres de El Alto. Con el apoyo de su organización, los comités de mujeres implementan tecnologías alternativas de adaptación al cambio climático, autoconstrucción de baños y sistemas de cosecha de agua de lluvia para mejorar la salud, el saneamiento básico y la vivienda.

Cristina Almazán, de México, redundó sobre la importancia del liderazgo femenino en su propia organización. La asociación civil Pobladores promueve y ejecuta procesos organizativos con relación a la producción social del hábitat en Veracruz, Puebla y Tabasco. Específicamente, fomenta el ahorro para la adquisición de suelo y vivienda, apoya la introducción y gestión de servicios básicos, impulsa procesos formativos en materia de salud, ecología, producción de alimentos y organización comunitaria para el abasto de productos básicos.

El último bloque fue dedicado a experiencias vinculadas a pueblos originarios tanto en contextos rurales como urbanos. Isadora Hastings, de la asociación civil Cooperación Comunitaria, contó cómo se acercaron a trabajar con comunidades del estado de Guerrero, México, a raíz de un huracán que devastó la región de la Costa-Montaña. El programa integral para la reconstrucción del hábitat que impulsa su organización desde 2013 se ha definido en común acuerdo con autoridades indígenas, contemplando el mejoramiento de las viviendas tradicionales de adobe pero también un conjunto de actividades como reforestación, implementación de ecotecnologías y agricultura orgánica.

Por su parte, Ana González de COPEVI presentó una experiencia similar que se desenvuelve en la sierra poblana. Junto con la organización Comunidades Indígenas Unidas en Defensa del Maíz y Nuestra Cultura, CUIDEMAC, se han construido cerca de 500 viviendas de gran calidad ambiental y arquitectónica, en un proceso que también involucra la defensa del maíz y el territorio del pueblo nahua.

La Unión de Cooperativas Tosepan, también ubicada en la Sierra Nororiental de Puebla, representa una de las organizaciones indígenas (nahuas y totonacos) más importantes de México, tanto por su antigüedad (1977), su masa de adherentes y por la diversidad de actividades que recubre. Cerca de 30 mil personas se encuentran vinculadas a los procesos impulsados por la Tosepan, desde apicultura y caficultura hasta cooperativas de ahorro y construcción. Entre 2004 y 2011, la organización promovió la construcción y mejoramiento de más de 10 mil viviendas para sus socios.

La última ponencia del día fue presentada por Vecinos Sin Techo, una asociación civil argentina que lucha por establecer nuevas relaciones de respeto y apoyo mutuo entre el «pueblo pobre» de San Martín de los Andes y la nación Mapuche que es la legítima propietaria de las tierras patagónicas. Juntos, Vecinos Sin Techo y la comunidad Curruhuica desarrollan el Barrio Intercultural, diseñado para albergar a 250 familias, tanto argentinas como mapuches, a unos 3 kilómetros de esta pequeña población afectada por el turismo de élite y la subsecuente elevación del precio del suelo.

Elementos del debate

Sería imposible plasmar en estas páginas la totalidad de las discusiones surgidas durante el encuentro. Entre los temas más importantes, podemos destacar la cuestión de la tenencia social o privada de la tierra, las diferencias y similitudes de la PSH en el ámbito rural y urbano, el rol de las ONG en los procesos sociales, la lamentable situación de las políticas públicas en materia de vivienda en cada país, la crisis ambiental y civilizatoria, así como cuestiones ligadas al propio desempeño y devenir del grupo de trabajo.

La función social del suelo

Desde el primer día los compañeros de FUCVAM, secundados por COCEAVIS y Pioneros de Venezuela, argumentaron que la producción social del hábitat no podía ser transformadora en tanto promoviera soluciones individuales. Para impulsar procesos de cambio es necesario romper con la propiedad privada y generar nuevas formas de tenencia social del suelo como lo hacen los cooperativistas —afirmó Pablo Caballero.

Este posicionamiento encontró bastante eco entre los participantes y generó intensos debates. Ya durante el segundo día, Anelise Meléndez recordó que la mayoría de los productores del hábitat latinoamericanos vive en barrios donde prima el uso familiar del suelo. Por ello, el grupo de trabajo sobre PSH debe abarcar estos territorios urbanos y valorar la labor de quienes allí impulsan procesos de mejoramiento, aunque no siempre contemplen la propiedad colectiva —aseveró la boliviana:

«Entiendo la PSH como un proceso no lucrativo, autogestionario (individual o colectivo), que produce vivienda y componentes urbanos. Los actores que promueven estos procesos son los propios pobladores o profesionales externos, promotores sociales y un gran abanico de actores. El asunto es que promuevan la participación, es decir que la persona que va a hacer su vivienda tenga la posibilidad de diseñar, de ver los mecanismos y los recursos con los cuales va a poder construir, que pueda decide dónde va a ser su vivienda. No es la imposición del mercado ni responde a los planes habitacionales que hace el Estado».

La vivienda tiene un sentido de pertenencia y arraigo, es mucho más que ladrillos y paredes, es sentimiento, vida y comunidad —prosiguió Anelise. «El problema es que es predominantemente de propiedad privada. Esa atomización es la que le permite a los Estados hacer lo que les da la gana. Si bien las organizaciones locales tienen agendas prácticas como el agua o la luz, su potencia organizativa se diluye una vez que los servicios se han incorporado en el barrio. Eso es lo que mayoritariamente tenemos, entonces ¿cuáles son las estrategias para transformar aquello? Que la gente se organice para mejorar políticas de apoyo a la PSH. No les podemos decir que dejen sus casas y sus barrios para organizar nuevas cooperativas. En muchos casos no vamos a poder crear propiedad colectiva pero sí vamos a fortalecer comunidades urbanas».

Los compañeros de la Unión de Cooperativas Tosepan, por su parte, comentaron que sería imposible promover un modelo concentrado de vivienda colectiva en la región rural en la cual se desenvuelve su organización. Además de encontrarse dispersos en el territorio, los indígenas de la sierra poblana viven sobre sus propias parcelas de cultivo como un mecanismo para proteger sus bienes, en particular la tierra que históricamente les ha sido arrebatada. Ahora bien, aunque ellos no promueve la propiedad colectiva en materia de vivienda, sí impulsan experiencias que fomentan el control comunitario sobre los medios de producción y comercialización, en un esfuerzo que a fin de cuentas fortalece la defensa del territorio –el agua y el monte– y ayuda a enfrentar la ofensiva neoliberal actual, en particular los proyectos mineros e hidroeléctricos que impulsan las transnacionales en dicha región.

Finalmente, ante la evocación de cierta «propiedad privada sin fines comerciales», Gustavo González tuvo que reafirmar la posición del modelo cooperativista. Nosotros no podemos hablar de propiedad privada con un sentido humanista —aseveró el ex secretario de FUCVAM y actual coordinador de We Effect en América Latina. Sin embargo, considerando las desviaciones existentes incluso entre algunas experiencias que reivindican la propiedad colectiva, él mismo asintió que «la única garantía para generar procesos transformadores es el fortalecimiento ideológico de la gente y la organización».

En este sentido, Enrique Ortiz de la Coalición Internacional para el Hábitat sintetizó las diferentes propuestas mediante una pregunta sencilla que él mismo respondió. ¿Qué es lo que le duele al sistema? Le duele que estemos luchando contra la propiedad individual, que sigamos persiguiendo la autonomía y desarrollando procesos integrales, que defendamos los bienes comunes, que reivindiquemos no solamente el derecho a la vivienda, sino también el derecho al agua. En suma, los proyectos transformadores son aquellos que desafían el orden civilizatorio actual que encamina a la humanidad hacia el abismo.

Juego de escalas

Uno de los principales desafíos para la sistematización de experiencias tiene que ver con el tamaño y la naturaleza de las organizaciones que integran al grupo. De hecho, ante la participación de experiencias puntuales como Guendaliza’a o el Barrio Intercultural, los representantes de las organizaciones de segundo grado, es decir las federaciones y coordinadoras que asistieron al encuentro (Pioneros de Venezuela, FUCVAM y COCEAVIS) se encontraron frente al dilema de hablar a nombre del conjunto o narrar las experiencias de sus propios campamentos o cooperativas.

Como bien apuntó Adriana Rojas de COCEAVIS, «no es lo mismo hablar de una cooperativa que de una organización de segundo o tercer grado, sus formas de organización y de incidencia son distintas». Las coordinadoras permiten romper con el aislamiento de los grupos más pequeños y ayudan a superar obstáculos y amenazas externas; además, son los movimientos de masas los que pueden empujar políticas públicas de carácter general, favorables a la PSH.

Ahora bien, aunque las capacidades de incidencia de las organizaciones de segundo y tercer nivel son mayores, ningún movimiento de masas puede subsistir a largo plazo si no se sustenta en la experiencia inmediata de las comunidades. Para sostener una historia hacen falta proyectos pequeños que a su vez sustentan esfuerzos más grandes —recalcó Nacho de Vecinos Sin Techo. «El estado puede dar un papel de matrimonio pero ¿cuántos matrimonios están instituidos ahora? La comunidad tampoco se instituye con una formalidad reconocida por el Estado, ella se rige por afectos, lazos de sangre y cuestiones culturales». En este sentido, «si nos saltamos la escala comunitaria, que es la cultura colectiva contra la cual el capitalismo atenta, no estamos cambiando la historia».

Finalmente, considerando junto con Gustavo González que «cualquier experiencia masiva nace de una experiencia primaria», podemos destacar la importancia de aprender a manejar el juego de escalas, es decir, a consolidar federaciones sin descuidar los procesos y las identidades de los grupos que las conforman.

Acompañar sin suplantar

Los ejercicios del segundo día permitieron profundizar los debates estratégicos acerca de lo que deberíamos promover, tanto a escala de proyectos como en términos de incidencia y fortalecimiento de la PSH. El grupo se dividió en dos mesas de discusión que permitieron afinar el papel y los objetivos de los actores involucrados en la PSH: por un lado se reunieron las organizaciones no gubernamentales (ONG) y por otro los movimientos sociales.

Tras hora y media de trabajo, el bloque de movimientos sociales llevó sus conclusiones a la plenaria. Para ellos, la reivindicación central consiste en defender la función social del suelo y el territorio ante las presiones mercantiles. A su vez, consideran necesario seguir impulsando la economía social y solidaria, el intercambio entre movimientos, la formación y capacitación de sus militantes, la soberanía alimentaria de las naciones y de las propias organizaciones, así como profundizar el control social sobre los medios de producción.

Además de estos puntos, se habló del Derecho a la Ciudad como una de las banderas de HIC y del MUP-CND en México. Sin embargo, antes de enarbolarlo a nombre del grupo, se consideró necesario desarrollar la discusión conceptual en cada país. Enseguida se abrió un momento de discusión. Primero, Anelise hizo explícita la necesidad de promover la gestión democrática de los procesos de PSH, a lo cual asintieron los representantes de movimientos sociales.

Por su parte, recuperando la consigna «No somos Greenpeace, somos la ballena» plasmada en las paredes de su ciudad, Nacho se dispuso a analizar la relación con los organismos asesores y el problema de la profesionalización de los militantes. La gente que pasa por la universidad no vuelve al territorio popular —dijo el integrante de Vecinos Sin Techo— y cuando vuelven es para cobrar como asesores, es decir para subirse a la ballena. El problema es que «si se acaba la ballena, Greenpeace no tiene razón de ser» y por lo tanto debemos sentirnos parte de lo mismo, entender que «todos somos la ballena».

Julio Celedonio de FUNDASAL tuvo entonces la tarea de resumir la reflexión sostenida por los organismos asesores: COPEVI, DESCO, Red Hábitat Bolivia, Somos Ecuador, FUPROVI y un integrante de la Tosepan (el otro participó con los movimientos). Además de resumir sus distintos ámbitos de trabajo – en particular la investigación ligada a la acción y al fortalecimiento de la gente, la incidencia desde un enfoque de derechos y el desarrollo de técnicas adecuadas– Julio planteó un par de preguntas que, dijo, quedan a conciencia de cada ONG: ¿somos o no prótesis del Estado? ¿somos realmente parte de la estrategia de transformación?

Al momento del debate, Enrique Ortiz subrayó que uno de los principales objetivos del grupo es el fortalecimiento de las capacidades de incidencia de las ororganizaciones, en particular en lo referente a la crisis ambiental y civilizatoria. Hace falta una conciencia planetaria —inquirió el arquitecto, seguido en este sentido por Cristina Almazán, quien insistió en que el grupo debería apropiarse genuinamente de las luchas socio-ambientales y en defensa de los bienes comunes.

Finalmente, a modo de matizar las diferencias entre asesores y asesorados, Gustavo González desplazó el debate hacia una pregunta gramsciana: ¿dónde están los intelectuales orgánicos? Desde su perspectiva, había que distinguir «al intelectual que usa la pobreza para vivir fenómeno, del que trabaja con las y los compañeros para elevar el nivel del movimiento». En todo caso, apuntó, los intelectuales orgánicos se encuentran principalmente en los organismos asesores. «Yo no hubiera aprendido una mierda de suelo sin haber tenido a Benjamín Nahoum a mi lado. Pero fui yo quien ocupó la tierra». En otras palabras, el movimiento requiere elementos teóricos para interpretar la realidad y poder ser protagonista y sujeto consciente de una acción transformadora.

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¿Qué sigue?

Terminar las fichas

Entre las acciones prioritarias definidas en mesas de trabajo y reafirmadas en plenaria, se hizo patente la necesidad de avanzar con la sistematización de experiencias. Hasta ahora el ejercicio ha sido lento y persisten dudas en cuanto a las modalidades del llenado de la ficha, por lo que conviene recordar que:

  • No hay que responder a las preguntas una por una sino considerarlas como guías para la redacción de un documento original. Pueden descartarse aquellas que no se apliquen al caso o agregarse otros aspectos relevantes. En algunos casos, la narración cronológica del proceso –previa identificación de sus fases– ayuda a describir los cambios en la estrategia de la organización.
  • El estilo narrativo, ya sea desde un «nosotros» o desde un enfoque más neutro, debe reflejar la complejidad de cada proceso, la energía de la gente, las distintas visiones de los actores involucrados. En este sentido, se puede realizar un ejercicio en grupo para recoger las opiniones de los equipos de apoyo, la de los habitantes, la de las mujeres, la de los socios, etc.
  • Es importante ofrecer datos «duros» que permitan a los futuros lectores dimensionar los casos (costos, tamaño de las organizaciones, extensión geográfica, toneladas recicladas, capacidad construida para almacenar agua de lluvia, etc.).

La elaboración de estos documentos se contempla en tres tiempos.

Primero, la entrega del un archivo de texto que no exceda 10 páginas (a menos de tratarse de organizaciones de segundo grado, las cuales pueden incluir recuadros de casos específicos de 1 o 2 páginas). Entre los acuerdos se estableció que el límite para la entrega sería finales de diciembre de 2015. Esto significa que aún estamos a tiempo de integrar otras experiencias significativas, a comenzar por las organizaciones que manifestaron su interés pero que no completaron una primera versión de su ficha antes del encuentro: el Movimiento de Ocupantes e Inquilinos (Argentina), Nueva Democracia (Argentina), Vivienda Social y Ciudad (Argentina, en proceso de reelaboración de dos fichas ya presentadas), La União Nacional Moradia Popular (Brasil), El barrio Dom Helder Câmara (Brasil) y Mejoremos (México).

El segundo tiempo consiste en la integración de documentos visuales (fotos, mapas, esquemas). En varios casos el proceso de mapeo ya está en marcha (COCEAVIS, Cooperación Comunitaria, FUCVAM). Una vez que se tenga la parte escrita, comenzaremos a trabajar con cada organización para definir la información visual pertinente. La elaboración de mapas está a cargo de Jerónimo Díaz de HIC-AL. El arquitecto Omar Gómez, del doctorado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México, se encargará solidariamente de elaborar algunos esquemas y organigramas. En cuanto al material fotográfico, contamos con el apoyo de Hábitat en Movimiento, quienes en su recorrido por América Latina recogieron testimonios e imágenes de muchas experiencias. Desde luego, esperamos poder contar con fotografías en alta resolución que proporcionen las organizaciones. Finalmente, se prevé un proceso de revisión editorial para armonizar los contenidos.

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Participar en el comité editorial

Además de participar con la elaboración de su propia ficha, cada organización podrá involucrarse en el proceso editorial, lo cual implica:

  • Homologar los contenidos de las fichas. Por ejemplo, cuál es la información relevante para hacer comparables las experiencias (población, campos que cubre, etc.).
  • Homologar hasta cierto punto los estilos.
  • Establecer criterios de proporcionalidad entre las organizaciones de segundo grado y las experiencias más puntuales. Una propuesta vigente es que las grandes coordinadoras, además de describir sus mecanismos de actuación, incluyan recuadros de las experiencias más significativas que participan en su interior.
  • Definir estructura y capítulos del libro resultante. Aquí se puede contemplar una distinción entre los aportes de los equipos asesores y las experiencias lideradas por los movimientos sociales. A su vez, podría contemplarse un capítulos sobre experiencias de formación académica orientadas a la PSH.
  • Verificar la correcta integración de las fichas entre ellas, sobre todo considerando que muchas dependen de las mismas redes. Así, por ejemplo, podría pensarse en un mapa común para las organizaciones de la red mexicana de Productores Social de Vivienda (Tosepan, Pobladores, COPEVI, Mejoremos, entre otros). A su vez, habría que evitar que la explicación del modelo de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua se repitiera en los casos de Bolivia, Paraguay y Centroamérica, dejando que FUCVAM profundice sus principios y concentrándonos en las especificidades de la aplicación del modelo en cada país.
  • Pensar en lo que se requiere para la introducción y la conclusión general del trabajo y preparar dichos rubros con anticipación.
  • Coordinar una estrategia para la distribución de la publicación, considerando que ya se estableció el mes de agosto de 2016 –mes de la lucha por la Producción Social del Hábitat– para la divulgación del trabajo en eventos de incidencia organizados en cada país.
  • Contemplar otros productos de divulgación tales como poster, materiales audiovisuales y un sitio web (más allá del blog actual). De hecho, ya se tiene en puerta la publicación de las presentaciones del encuentro por el canal de Youtube de HIC.

Hasta ahora, además de Jerónimo Díaz, ha manifestado su interés por sumarse a este esfuerzo la compañera Yesenia Morales de FUPROVI. Desde la oficina para América Latina de la Coalición Internacional para el Hábitat (HIC-AL), existe el compromiso de coordinar el proceso editorial apoyando caso por caso en la preparación de las fichas y abriendo en todo momento la reflexión editorial al escrutinio del grupo. Efectivamente, además de rendir un informe de avances cada dos meses, la Oficina propone una serie de reuniones virtuales con la misma periodicidad, por medio de Skype o a través de una aplicación en línea que no requiere más que de una computadora con acceso a Internet. La dirección del enlace será proporcionada vía correo una hora antes de la primera cita fijada el 13 de noviembre de 2015 (ver esquema del Plan de Trabajo). El comité editorial será entonces un espacio flexible y abierto a la discusión sobre las orientaciones colectivas del trabajo.

Desde luego, más allá del producto «libro» se pretende impulsar una campaña para visibilizar estas alternativas y fortalecer los procesos de incidencia que se requieren en cada país. En este sentido, se propuso conformar un comité o comisión de comunicación que además de acompañar el proceso editorial buscará coordinar acciones de difusión a partir de las necesidades y capacidades de cada organización.

Desarrollar la estrategia de incidencia

Considerando la importancia de desarrollar una agenda común, se acordó instalar una comisión de incidencia cuyo principal objetivo será coordinar las actividades en el mes de agosto de 2016, declarado por nosotr@s «mes de la lucha por la producción social del hábitat». Los resultados de la sistematización de experiencias serán presentados durante este mes en todos los países participantes, mediante actividades que movilicen a las organizaciones, que contribuyan a los procesos de incidencia locales y que ayuden a posicionar la PSH de cara a Hábitat III.

A más largo plazo, el grupo pretende desarrollar mecanismos de intercambio y formación entre los propios movimientos aprovechando la infraestructura de las organizaciones en cada país y retomando las plataformas existentes. La COCEAVIS y FUCVAM, por ejemplo, cuentan con escuelas cooperativas y programas de estudio. Por su parte, existen grupos de base, como Kaika Shi, integrante de Pioneros de Venezuela, que disponen de cierta capacidad instalada para recibir gente. En México, también existe interés por promover plataformas digitales de formación cooperativa. En suma, sólo falta echar a andar proyectos concretos de intercambio regional.

Los participantes del encuentro nos vamos con la tarea de conocernos mejor y apoyar los procesos de PSH que se impulsan en cada país. Con la propuesta de integrar Comités Populares, lo que se pretende es dar una prueba de unidad ante los gobiernos y, en lo inmediato, ante el sistema de las Naciones Unidas que ya prepara la tercera Conferencia sobre Vivienda y Desarrollo Sustentable (Hábitat III). Para nosotr@s, como se dijo en el encuentro, este será un ejercicio de «diplomacia popular».

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